“Desde el sindicato de funcionarios judiciales estamos muy preocupados por las problemáticas que tiene el sistema judicial con respecto a la penetración del crimen organizado.” Así lo manifestaba Pablo Elizalde, secretario general de la Asociación de Funcionarios Judiciales del Uruguay, quien fue uno de los exponentes del encuentro* junto al ex Presidente de la Junta de Transparencia y Ética Pública (JUTEP), Ricardo Gil Iribarne y el periodista Gabriel Pereira. 

Durante su exposición Elizalde expresó especial inquietud por la vulnerabilidad que tienen los “operadores jurídicos” ante “el embate de grandes grupos de delincuentes” y la falta de resguardos institucionales a nivel del Estado. A su vez planteó como una de las debilidades del sistema judicial el hecho de que “ante presiones el funcionario pide ser trasladado” y las investigaciones pierden calidad. Denunció que “la problemática de la corrupción dentro del Poder Judicial es preocupante en todos los niveles” y manifestó como una necesidad discutir estas cuestiones, asumir responsabilidades y trabajar para que no sucedan. 

Por su parte, la presentación de Pereira tuvo en gran medida un tono pesimista y desesperanzador, aunque con algún destello de posibilidad de acción sobre el final. Si bien planteó que “hemos perdido la guerra contra el crimen organizado y la droga” resaltó que aún estamos a tiempo de frenar otros procesos como la “instalación de una gran mafia”. Señaló que los países de tránsito de la droga terminan transformándose, no solo en países de consumo sino en países de acopio y que es ahí “cuando las cosas cambian”. Manifestó que el momento para pisar el freno es ahora, porque “después de que el problema se instala no hay plan posible”. 

El periodista hizo hincapié en la necesidad de cambiar la mirada policial sobre la seguridad pública y de tomar medidas hoy, que van a tener efecto en un futuro no tan cercano pero que son fundamentales. Tal cómo pueden ser las políticas de la primera infancia. También hizo referencia a las instituciones carcelarias como otro de los fenómenos problemáticos que contribuyen a generar un círculo de violencia, delincuencia y contacto con las drogas. “Deberíamos tomar una política más radical” en cuanto a la transformación de las cárceles, donde se vayan construyendo “instituciones cada vez más pequeñas, con programas de rehabilitación serios y se haga un cambio institucional sobre quién las controla”. 

“No estamos hablando de problemas de otros cuando discutimos estas cuestiones”, expresó a su turno Gil Iribarne, refiriéndose con ese “nosotros” tanto a los movimientos sindicales como al país todo. Planteó como tema central la necesidad de admitir a la corrupción como un problema propio y a partir de allí “construir barreras, discutir valores, fijar criterios y normas éticas que ayuden a corregir comportamientos”. 

En base a su experiencia trabajando sobre estos temas, señaló que la percepción general de la gente en cuanto al lavado de dinero no era la misma que se manifestaba al hablar de corrupción. Si bien la corrupción genera enojo y bronca en la gente, el lavado parece que no molesta tanto. “Hay quienes aún piensan que si la plata genera inversión y fuentes de trabajo, mejor no preguntar de dónde viene”, afirmó Gil Iribarne para luego remarcar que es importante que “nos convenzamos de que la plata que viene de mal origen no nos conviene nunca”, pues no deja de ser una de las partes del crimen organizado. 

*Se realizó el 27 de setiembre y se transmitió por videoconferencia.

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