Abogado

El grupo Denuncia surgió como una propuesta de hacer una denuncia colectiva sobre violencia sexual durante la dictadura militar. Al principio estaba integrado por muchas mujeres que luego fueron desertando hasta quedar aproximadamente treinta integrantes.
En el marco de una de las reuniones -a la que Sala de Redacción tuvo acceso- surgieron sus vivencias durante su detención, las torturas a las que fueron sometidas y las repercusiones que esto tuvo en ellas a lo largo de estos treinta años.
En general, plantearon que fue difícil comenzar a hablar del tema y que lo tenían muy guardado, a lo que una de las integrantes agregó: “me costó y me sigue costando hasta hoy”. Para ellas este grupo fue un instrumento para poder “desembuchar”; muchas tenían guardadas esas tragedias desde hacía 35 años y nunca lo habían podido decir a pesar de haber hecho terapia durante años. A partir de estas reuniones comenzaron a compartir sus problemas particulares, a conversar sobre qué habían hecho luego de su salida, cómo reconstruyeron sus vidas – si es que la reconstruyeron – es decir, fue la base para compartir sus vivencias.
Es interesante destacar el sentimiento de culpa que tienen hasta hoy. Al respecto una de las mujeres expresó: “Muchas veces nos sentíamos culpables de algo que realmente no éramos, pero al no poderlo hablar lo escondíamos tanto que ni siquiera lo podíamos charlar con nuestras propias parejas y menos con nuestros hijos”. Destacan que no sólo no se atrevían a contarlo sino que la gente tampoco se atrevía a preguntar, “entonces se hizo un silencio como de acuerdo”.
Puntualizaron  que otra de las trabas para poder hablarlo fue la situación política: “Si Sanguinetti decía que no había niños desaparecidos, nunca se nos ocurrió hacer denuncias, pero tampoco nos creían que habíamos sido torturadas”, agregó otra de las integrantes. Para ellas había toda una estructura que impedía que hablaran y afirmaron que a los hombres les cuesta mucho más hablar.
Otra de las integrantes del grupo expresó: “Es que fuimos aprendiendo, en mi caso no se me había pasado por la cabeza que había que hacer una denuncia; por ejemplo yo no tenía idea de que violencia sexual era la desnudez humana. Por el hecho de ser militante ya se sabía que al caer te iba a pasar eso, eran cosas que estaban en la tapa del libro. Y ¿qué ibas a denunciar? No podías denunciar nada porque sabías que las cartas ya estaban echadas”.
Estas mujeres coincidieron en que la tortura era un plan sistemático y reflexionaban el hecho de que les costaba asimilar hasta dónde las querían destruir: la capacidad que los torturadores, desde su lugar de poder, tenían de destruirlas moralmente, de pensar todo el día cómo las iban derribar. Sobre esto, otra de las mujeres agregó: “Pienso que en la tortura uno está integrado a ella, hay una relación muy estrecha entre el torturador y el torturado que es imposible de romper hasta que no te sacan de allí, porque estás pendiente de que te torturen y el torturador está buscándote permanentemente”. Ademán contaban que una vez un milico dijo: “No los pudimos matar a todos, los vamos a volver locos”.
En relación a los diferentes mecanismos que adoptaba la víctima de tortura para poder aguantarla destacaron el de desdoblarse – la persona ve desde afuera todo lo que le están haciendo-. A lo que otra de las integrantes agregó: “Estás en el medio de la nada, te sentís como levitando, no tenés espacio, techo, ni paredes, no tenés dimensión ni tiempo, por lo tanto no sabés cuándo es hoy ni cuando fue ayer. Estás vendado, atado, desnudo y sin ver en las manos de quién estás; no sabés si al rato vas a ser una pelota o un pedazo de carne. Sólo te da para pensar cómo salís de ese momento.
Una de las mujeres – aclarando que no iba a hablar más del tema que era muy fuerte para ella – reflexionó sobre la tortura expresando que era lo humano contra lo inhumano. La persona se enfrenta a las cosas más bajas que dentro de la especie humana se pueden dar y citó a un autor que decía: “es como si te dejaran fuera de tu propia especie” porque sos un bicho acorralado, no hay ninguna posibilidad de protestar ni de defenderte. “Yo fui víctima de violación  – se pone a llorar – recién luego de 30 años lo podemos decir y nos está costando salud; si no me hubieran violado yo no estaría así”. El clima en ese momento fue de total conmoción, algunas trataron de calmarla, otras tenían una mirada como perdida en el horizonte, otras reflexionaban sobre el hecho de no poder superar ese tipo de situaciones hasta el día de hoy…
“Violaron a gente jovencita, gente que no había tenido relaciones sexuales y las condicionaron para siempre. Es muy difícil mantener relaciones sexuales luego de eso. Compañeras que han tenido que convivir con sus maridos sin poder hablar que fueron violadas”, expresó una de las ex presas. A lo que otra agregó que alguien le había dicho un día: “la guerrillera mató a la ternura”.
“La violencia sexual fue una práctica que se sostuvo durante todo el período de la dictadura. Hubo violaciones de chicas muy jóvenes y de compañeras muy mayores. De cualquier manera si se considera que la violencia sexual es la desnudez se puede decir que el 99% de las mujeres detenidas fueron sometidas a eso”, expresó una de ellas.
Otra de las formas de tortura era escuchar gritos de niños que provenían de otro lugar y los torturadores aseguraban que eran los hijos de 2 y 4 años de una de las víctimas. “A partir de ahí soy hipertensa y ese día me llevaron con una Tetania – patología en la que la persona queda enrollada – como una bola me llevaron al hospital militar. Ésto de la denuncia me trajo recaídas, empecé a tener mucha cistitis, picana en la vagina, se siguen reproduciendo esas sensaciones en mí, porque para hacer la denuncia hay que volver a ese lugar. Y es muy difícil, porque además los recuerdos a veces te hacen trampa”. Alguien recordó cómo una de las compañeras que comenzó con la denuncia tuvo que dejarla porque empezó a padecer hemorragias intestinales debido a que sabía que volvería a recordad lo vivido; treinta años después su cuerpo somatizó esos recuerdos.
Los oficiales se especializaban en torturar, estudiaban dónde aplicarla, que fuera en los lugares más sensibles – picana en los testículos, en la vagina, en las encías – todo eso estaba planificado. Hicieron “Conejillos de indias” con los detenidos- viendo qué resultado era mejor, con el objetivo de quebrar la resistencia social e imponer el miedo y el terror. “Su objetivo central era que ninguna de nosotras estuviéramos acá y ustedes tampoco. Pero no lo lograron”, afirmó una de las integrantes.
Loana Ascárate

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