“Mezcla de inmigrante / tano y español’’, dice la canción “Descolgando el cielo’’ del músico uruguayo Eduardo ‘’Pitufo’’ Lombardo, pero a esos versos les falta el ingrediente base de esta mezcla, los nativos. El 11 de abril de 1831, es decir, hace exactamente 193 años, se produjo una matanza a orillas del arroyo Salsipuedes en manos del primer gobierno de la república, bajo el mando del entonces presidente Fructuoso Rivera, que dejó un saldo de 40 charrúas muertos y 300 prisioneros.

Martín Delgado, integrante del Consejo de la Nación Charrúa (CONACHA), señala a Sala de Redacción que la ley 18.589, que establece el 11 de abril como Día de la Nación Charrúa y la identidad indígena, originalmente buscaba reconocer el genocidio del pueblo originario, pero enfrentó oposición por parte de algunos sectores políticos.

Según Gonzalo Figueiro, profesor adjunto del departamento de Antropología Biológica de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FHCE), la matanza de Salsipuedes tiene un valor simbólico significativo en la historia de Uruguay. Aunque este trágico evento no fue el primero ni sería el último acto de violencia perpetrado contra los charrúas y otros pueblos indígenas, el académico entiende que es un elemento unificador que trasciende las diferencias entre las distintas agrupaciones, que comparten la experiencia de haber sido víctimas de esta violencia histórica.

En un país saturado de monumentos que conmemoran el colonialismo, Delgado destaca la presencia de una “vulneración subjetiva”, enfatizando en la ausencia de autocrítica por parte del Estado uruguayo, que nunca ha emitido un pedido de perdón por estos crímenes, a diferencia de países como Canadá y Australia.

La falta de reconocimiento de los pueblos originarios genera consecuencias profundas: contribuye a la formación de una sociedad insensible, carente de empatía y marcada por la crueldad y el racismo. “Esta mentalidad justifica la discriminación racial y legitima la violencia y el despojo”, comenta Delgado. Esto, además, refuerza la idea de que lo “bueno” proviene exclusivamente de Europa, menospreciando así la riqueza cultural y el legado de los pueblos indígenas del continente. 

En Uruguay, el descubrimiento del linaje genético C1D3 revela una conexión genética entre poblaciones prehispánicas y actuales, algo excepcional en la región. Según las explica el antropólogo, “la sociedad uruguaya, que nunca dejó de tener poblaciones indígenas, está incompleta’’. 

Por su parte, Delgado, ex presidente de CONACHA, resalta los resultados de investigaciones del departamento de antropología biológica de la FHCE, que revelaron que aproximadamente un tercio de la población uruguaya tiene ascendencia indígena, principalmente por vía materna. La mayoría de esta ascendencia se remonta al período colonial y a lo que fue la política del genocidio y la conquista, iniciada por los españoles y continuada por el propio ejército uruguayo: “Matar a los varones y apropiarse de las mujeres”, resume Delgado.

A su vez, cuenta a Sala de Redacción que “se ha avanzado muchísimo a nivel de la sociedad”, que ahora muestra una mayor apertura hacia el reconocimiento de la herencia indígena. Sin embargo, también señala que persisten desafíos en el sistema político, que aún arrastra legados de épocas pasadas. Además, recalca la importancia de que los partidos políticos sumen el reconocimiento indígena a sus plataformas, y menciona el caso del Frente Amplio, que por primera vez ha incorporado este tema en su programa electoral, en el que se incluye como propuesta la ratificación del convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre derechos de los pueblos indígenas.

El convenio 169 de la OIT establece que deben llevarse a cabo medidas especiales con el fin de resguardar los intereses de los pueblos originarios en cuestiones de bienes, instituciones, cultura, trabajo y medio ambiente. Los únicos países de América del Sur que no lo han ratificado son Uruguay y Surinam.

“Descolgando el cielo / tres millones van, / color que ilumina sueños, / orgullo de identidad”. Así culmina la canción de “Pitufo” Lombardo. Al analizarla, queda abierto al debate si los uruguayos realmente se sienten orgullosos de todas sus raíces. Delgado recuerda al respecto que según resultados del censo de 2011, sólo un 5% de la población reconoce tener ascendencia indígena, mientras que los resultados de las investigaciones de la FHCE determinan que, de hecho, un 30% de la ciudadanía cuenta con esa ascendencia.

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