A los 20 años, Rodrigo Javier Aguirre murió de un balazo en la espalda; se la tenían jurada. Su homicidio estaba cantado. En el mismo están involucradas las barras “Lucas Píriz” del Club Nacional de Fútbol y “Los pibes del carbonero aguantan”, de la que Aguirre era miembro, perteneciente al Club Atlético Peñarol. Ambos bandos ofician de verdugos, interpretan el rol de víctimas y victimarios. El asesinato de Aguirre fue el último hecho  de una guerra entre patotas que se viene dando desde hace dos años.
Aguirre se dirigía a casa de un amigo, cuando desde un Mitsubishi Lancer blanco que circulaba a contramano, le dispararon en la esquina de Nueva Palmira y Constitución, La  Comercial. El joven fue ingresado con una “herida de arma de fuego en el hemotórax izquierdo” al hospital del Circulo Católico, y falleció poco después. El auto fue incautado por la Seccional  4ª.
El episodio es parte de una cronología de violencia. En la Ciudad Vieja, semanas antes del partido jugado el 12 de abril entre Peñarol e Independiente,  por la Copa Libertadores,  se registró una disputa entre las barras bravas de ambos equipos. Según los datos brindados por informes policiales y difundidos por El País, se comprobó que “un grupo integrado por 30 hinchas de Peñarol, presuntamente identificados como “Los pibes del carbonero aguantan”, entre ellos Rodrigo Aguirre, se encontraron en un boliche con tres tricolores pertenecientes al grupo denominado “Lucas Píriz”. Intercambiaron insultos y los de Peñarol “los sacaron corriendo”, según indicó la fuente. Después, en el mencionado partido tuvieron otro enfrentamiento. El País describió que luego del encuentro un grupo de hinchas de Peñarol, entre ellos Aguirre, fueron a buscar a un hincha de Nacional que durante el partido pretendió entrar a la hinchada de Independiente con una bandera de Peñarol, que había robado a esa parcialidad.  El informante indicó al matutino que ese hincha de Nacional es uno de los cuatro procesados por el asesinato de Aguirre.
El 25 de abril Rodrigo fue baleado en uno de sus brazos por un integrante de la barra contraria. Fue  atendido en el Clínicas, pero se fugó antes de tener que declarar a la policía. Días después, Aguirre fue en busca del adolescente que lo baleó y le disparó varias veces hiriéndolo en la cintura.
Uno de los primeros antecedentes que vinculó a Aguirre con un hecho de violencia fue el doble homicidio de Rodrigo Nuñez y Rodrigo Barrios, los hinchas de Aguada asesinados luego del partido de básquetbol entre Nacional y 25 de Agosto en 2009. A partir de este hecho se sucedieron una serie de amenazas por facebook, y una larga seguidilla de enfrentamientos como los arriba reseñados.
Fanny Canessa, jueza penal de 6º Turno, procesó con prisión a tres jóvenes de 19, 20 y 21 años por el “delito de homicidio en coautoría”, referido a la muerte de Aguirre; por su parte, la jueza de Adolescentes de 2º Turno, Aída Barreto, condenó a un joven de 17 años como autor de “una infracción gravísima de homicidio”, quien confesó ser el autor de los disparos.
Luego de estos procesamientos se produjeron atentados contra las viviendas de dos de los procesados por el crimen, ubicadas ambas en el barrio La Blanqueada. En una de las casas, situada en la calle Jaime Cibils, arrojaron una bomba molotov. En cambio en la otra ubicada en la calle Lucas Píriz, se efectuaron disparos. Ninguno de estos incidentes tubo heridos.
Las autoridades del Ministerio del Interior y la Policía extremaron el operativo de seguridad montado para la disputa del clásico entendiendo que podría ser escenario de nuevos enfrentamientos. El partido se adelantó a las 15:30 horas para que la gente regresara a sus hogares antes del atardecer, se destinaron mil efectivos policiales y se extremó el derecho de admisión. Hubo controles sobre el transporte público, el ingreso al estadio contó con un doble vallado y dos zonas de control. En cuanto al interior del estadio, sobre la tribuna Olímpica, se instaló un “pulmón” para separar a las hinchadas rivales. Al finalizar el partido policías vestidos de particular vigilaron los alrededores del Parque Batlle para evitar conflictos.
Ricardo Alarcón y Juan Pedro Damiani, presidentes de Nacional y Peñarol, mostraron total disposición para ayudar a que no se genere ningún tipo de incidentes. Mientras los diputados Horacio Yáñez y Victor Semproni, integrantes de la Comisión de Deporte del Parlamento, impartieron un mensaje de tolerancia.
Las hinchadas, sin embargo, se agredieron mediante diversos cánticos haciendo alusión a los asesinatos cometidos contra miembros de la barra contraria. La hinchada tricolor cantó con fervor “Poro popo poro popo, vinieron todos, Rodrigo no”, “El Rodrigo, el Rodrigo, el Rodrigo se murió, los vamos a matar a todos, la puta que los pario”. En cambio la hinchada carobonera cantó: “Como me voy a olvidar, cuando matamos una gallina, como me voy a olvidar, fue lo mejor que me pasó en la vida”, “Los putos de Nacional le buchonearon a la policía y al poco tiempo después mataron otro los de la villa”, “Es mi ilusión volver a verte y a los balazos correrte, matar a dos una vez más y prender fuego el Parque Central…”, “Ya pasaron 10 años y a Posadas nunca lo vengaste, porque sos la gallina, porque vos corrés en todas partes”, haciendo alusión al asesinato cometido por hinchas de Peñarol a Diego Posadas, hincha de Nacional.
Con las cosas así no parece probable que las invocaciones de dirigentes, las propuestas de legisladores y los operativos policiales en el Estadio detengan la escalada de violencia. La guerra entre dos bandas de dos barrios tiene al deporte sólo como pretexto.
Ignacio Montaldo
 
 

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