“Mis ganas de hacer algo con Quiroga vienen desde que empecé a hacer cine”, confiesa Adrián Caetano, ajetreado entre ensayo y ensayo de su nueva obra de teatro “La Gayina”, próxima a estrenarse.

Aunque su nombre sonó mucho durante el año pasado por la dirección de la primera película uruguaya producida por Netflix, “Togo”, su carrera como director, guionista y productor de cine ya cumplió más de dos décadas y acumuló reconocimientos en el Festival de Cannes, en los premios Martín Fierro y en los Cóndor de Plata. Caetano es considerado uno de los mayores exponentes del cine del Río de la Plata por obras como la película “Pizza, Birra, Faso” y las exitosas series “Tumberos”, “El Marginal” y “Sandro de América”. 

Años atrás, el cineasta había escrito un guión basado en uno de los cuentos que más lo marcaron durante su infancia: La Gallina Degollada de Horacio Quiroga. Pronto, ese primer texto se transformó en la idea para un corto, luego para un telefilme y posteriormente para un largometraje que presentó sin mucha suerte en diferentes fondos audiovisuales de Montevideo. Por una razón u otra, la idea quedaría guardada como un debe latente en su carrera.

Este año, la oportunidad le llegó inesperadamente cuando Gabriel Calderón, director general y artístico de la Comedia Nacional, lo convocó para ser parte de la Temporada 2023 de la Comedia, titulada “Nuevos Clásicos”. Como su nombre sugiere, este nuevo ciclo trae de vuelta a los escenarios textos reversionados de autores clásicos.

Exorcizar el demonio

Caetano cuenta que siempre tuvo un profundo vínculo de admiración hacia Horacio Quiroga, quien fuera referente literario de su niñez y a quien, entre risas, cataloga como nuestro Edgar Allan Poe. 

En la actualidad, como adulto, rememora su primer encuentro con los cuentos del escritor como “una cosa brutal” porque “te lo daban en la escuela y en el liceo, aunque tratara temas bastante crudos”. Recuerda que hasta entonces, Caetano niño nunca había leído nada con ese nivel de crueldad y que La Gallina Degollada lo impactó mucho. Hasta hoy cree que fue un suceso de su infancia que nunca terminó de digerir y que influyó en su cosmovisión actual.

Es así que la decisión de involucrarse en este proyecto estuvo atravesada por un significado especial para el cineasta, quien sospecha que el hecho de poner el cuento que lo marcó tanto en su infancia arriba de un escenario “puede llegar a tener que ver con exorcizar el demonio” y con “sacar para afuera cosas que a uno le quedan dando vueltas”.

Sin embargo, quizás como parte de este ritual íntimo, la obra no tiene la misma mirada despiadada que alguna vez tuvo Quiroga con los niños de su historia. Aunque Caetano asegura que no hay ninguna traición al texto original del escritor, comenta que su obra aporta un lado b más humano del original relato.

Explica que no fue una decisión intencionada, pero que, llevada al teatro, la obra estática de un libro pasa a ser una obra “en movimiento”, donde los personajes ya no son un cúmulo de letras amontonadas en un papel, sino que “cobran vida, los ves moverse y los reconoces como niños de carne y hueso”. Y eso inevitablemente implica una mayor humanidad del relato, plantea el cineasta.

Una sinopsis atemporal

“(…) la inteligencia, el alma, aun el instinto, se habían ido del todo; había quedado profundamente idiota, baboso, colgante, muerto para siempre sobre las rodillas de su madre”. Así describía Quiroga a uno de esos niños ficticios en 1917. Poco más de 100 años después, el trato hacia las personas con discapacidad no parece haber cambiado demasiado. Es por esto que, aunque el clásico cuento transcurre en un “no tiempo” y en un “no espacio”, de fondo esconde una problemática que es aún contemporánea.

Para Caetano, el desprecio y la invisibilización a la que estuvieron destinados los niños de La Gallina Degollada es el corazón de la historia. Con esta nueva versión, busca suscitar en los espectadores una reflexión más allá del horror de lo narrado: “Estos niños, que fueron abandonados por sus padres, representan una sociedad que no está pensada para contemplar al más débil, sino todo lo contrario”.

“No estamos acostumbrados a vivir con personas con discapacidad, siempre hacemos la vista gorda, no nos preocupamos y los condenamos a estar encerrados”, expresó el director. Él, que hace un tiempo volvió a vivir en Montevideo, encuentra que la capital del país es una ciudad “inhóspita” para las personas con discapacidad y puntualiza que eso habla de una sociedad bastante cruel en donde “lo que no produce es más bien un estorbo”.

En esta misma línea, Caetano señala que, en ocasiones, ese desprecio por el que no es útil se traslada hacia las infancias. “Tenemos muy naturalizado el maltrato infantil y creo que la obra también tiene que ver un poco con eso. Durante mi niñez vi y viví esa suerte de que los niños eran los que molestaban. Cuando iba a la escuela en los 70’s los maestros todavía te podían tirar de la oreja, del pelo, pegarte con la regla en la mano y humillarte frente a los demás. Es difícil ser niño”.

Una invitación al juego

Caetano adelanta a Sala de Redacción que “La Gayina” transcurre en blanco y negro, y que en su visión la sala se tiñe enteramente de estos colores. Por eso, hace la solicitud un tanto peculiar de que los espectadores concurran únicamente con ropa blanca, gris o negra.

“Principalmente, es una invitación al juego. Como en un baile de disfraces, queremos que la gente vaya vistiendo los colores de la obra”, aclara. Por otra parte, por basarse en un cuento tan popular, la obra no es excluyente para la gente que suele ir al teatro: “Me pone contento que el espectador común, no el espectador de teatro, pueda ir a ver una obra que convoca por su autor”.

“La Gayina” promete ser una interpretación inquietante pero muy humana de una de las tragedias de terror más destacables de la literatura uruguaya. Se estrena en la sala Zavala Muniz del Sodre el próximo 24 de junio y permanecerá en cartelera hasta el 30 de julio. Sus funciones correrán los jueves, viernes y sábados a las 20:30 horas y los domingos a las 18:30.

Nuevos desafíos

A lo largo de su carrera, Caetano tuvo tímidos acercamientos al mundo del teatro. Tiempo atrás, intentó incursionar en la dirección teatral con una obra que, por razones personales, tuvo que abandonar. Y en 2021 colaboró con la Dirección Escénica de la obra del Coro Nacional de Niños del Sodre “La Principesa”. Pese a esto, no fue hasta este proyecto que se topó realmente con el desafío de sumergirse en las dinámicas del teatro.

“En el teatro, la narrativa pasa exclusivamente por los actores. Podés dedicarle tiempo a la escenografía, a la iluminación, al vestuario y a toda esa parafernalia pero los que llevan adelante el relato y la transmisión de emociones son los actores”, explicó el cineasta.

En sus películas, si un actor “no está tocando la tecla que tiene que tocar”, se puede manipular la escena durante el montaje, con la adición de música o con una voz en off. Pero en el teatro “todo se ve” y es allí donde Caetano encuentra su mayor reto.

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