Como cada 31 de mayo, el lunes se celebró el Día Mundial sin Tabaco. Este año la campaña “Comprométete a dejarlo”, pensada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), tuvo en cuenta el contexto que atraviesa el mundo debido a la covid-19, en el que la ansiedad y el aislamiento físico operan en contra de los fumantes. Según la OMS, el riesgo de enfermedad grave y muerte por la covid-19 entre los fumadores se incrementa 50%, por lo que dejar de fumar reduce el riesgo que entraña el coronavirus, y también las probabilidades de desarrollar cáncer, enfermedades cardíacas y respiratorias.

En todo el mundo, 39% de los hombres y 9% de las mujeres consumen tabaco. Las tasas de tabaquismo más altas se registran actualmente en Europa, con 26%. Ante esta situación, la organización generó herramientas para dejar de fumar que en forma gratuita están a disposición de los más de 1.000 millones de consumidores de tabaco. Quienes se comprometan a dejar los cigarrillos deben responder un formulario en la página de OMS que luego habilita el acceso a diversos materiales de apoyo y acompañamiento.

En esta dirección, junto a la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el Ministerio de Salud Pública (MSP) de Uruguay realizó el seminario “Desafíos de la cesación del consumo de tabaco en 2021”, en el que se hizo un análisis del último año y de la situación de los fumadores en el país. 

En el seminario, Elba Estévez, doctora y directora del Programa Nacional de Control de Tabaco, brindó un informe que muestra un ascenso del consumo de tabaco en adolescentes de entre 13 y 15 años en los últimos años, en el que se agrega el uso de aparatos electrónicos para el consumo. En Uruguay se registran 6.500 muertes por año por cáncer, enfermedades cardiovasculares y respiratorias. De estas personas la mayoría son hombres, según un informe MSP de 2010. Además, la especialista explicó que las consecuencias en salud del tabaquismo se llevan 16,6% del gasto público anual en salud.

Más allá de cifras no muy alentadoras, Estévez destacó el avance de Uruguay en los últimos años dado que la prevalencia descendió de alrededor de 35% en 2001 a aproximadamente 20% en 2019, último año en el que hay datos que surgen de la Encuesta Continua de Hogares.

“Falta una línea telefónica de ayuda, proactiva y gratuita para que pueda llegar la ayuda para dejar de fumar a todos los fumadores, en este momento donde la amplitud de la cobertura telefónica está en todo el país; falta intervención hospitalaria, debemos desarrollar herramientas de ayuda usando las tecnologías de información y comunicación”, asumió la doctora. 

Fernando Armada, representante de la OPS, felicitó al Fondo Nacional de Recursos (FNR) tras ser premiado por su organización, dado el servicio que brindaron en la Red Nacional de Unidades de Tabaquismo. La red surge del Programa de Tratamiento del Tabaquismo, que el FNR creó en 2004 y consiste en ayudar a los fumadores a superar la adicción, un acompañamiento se brinda en policlínicas adheridas en todo el país. 

El Programa de Tratamiento del Tabaquismo tiene como objetivo el apoyo y asesoramiento a fumadores que quieran dejar de consumir y superar su adicción, además de brindar a los prestadores de salud los medicamentos que deben ofrecer a sus usuarios en sus programas de cesación de tabaquismo.

El espacio público no es cenicero

No Más Colillas surge a principios de junio de 2019, mientras su fundador, Joaquín Betancourt, visualizaba la paradoja de que en el Día Mundial del Medio Ambiente quienes hacían reclamos por políticas ambientales realizaban una acción que no tenía congruencia: desechar la colilla del cigarro que fumaban en la vía pública. En ese momento Betancourt decidió juntar las colillas y a través de un micrófono cuestionar y hacer saber a los manifestantes que las colillas también eran residuos.  

Así, la inquietud de un individuo se transformó en No Más Colillas, una organización que busca la concientización sobre la contaminación que genera esa parte del cigarrillo, con dos objetivos claros: la recolección y el reciclaje.

De cara a tal problemática, la organización lleva dos años de trabajo voluntario, en los que realizó diversas acciones sociales, jornadas de recolección y movidas en las redes sociales. Además, el colectivo participó de Montevideo Decide, programa de la Intendencia de Montevideo (IM) por el que se logró la colocación de 100 contenedores para desechar correctamente las colillas en espacios públicos de la capital. Los contenedores están en distintas zonas y se pueden encontrar en el Parque de la Amistad, el Palacio Legislativo, al tiempo que existieron en la rambla pero fueron quitados después del verano. Son contenedores de cañería y se diferencian por un vinilo, generalmente celeste, con el logo de la IM y de No Más Colillas.

La organización atraviesa distintos desafíos, entre ellos su sustentabilidad. Una de las mayores vías de ingresos viene de servicios de charlas y contenedores para entidades públicas, privadas y eventos, sin embargo, la covid-19 y las restricciones a grandes eventos no han posibilitado su desarrollo. Las acciones de la organización se ha dado en Montevideo, Canelones y Maldonado y, si bien existe el interés de otros departamentos, para que la expansión sea posible buscan colaboradores y embajadores que permitan llegar primero con el enfoque social y luego con el servicio, planteó Betancourt.

Si bien su mayor compromiso es con el medio ambiente, destacó la importancia de la organización para quienes tomaron la decisión de dejar de fumar: “Hay personas que dejaron de fumar gracias al proyecto, nos ha pasado que se nos acercan con sus últimas colillas porque deciden no fumar más cuando tienen conciencia de todo el residuo que generan. Desde la producción del tabaco hay contaminación y el consumo influye en la salud de las personas y en todos los seres vivos que rodeamos a esas personas”. 

En números

En Uruguay, según datos del MSP, 20% de la población adulta -unas 500.000 personas- consume cigarrillos. De acuerdo a un promedio internacional, cada fumador consume diez cigarrillos por día, lo que resulta en cinco millones de colillas desechadas por día en Uruguay. Al comparar con las 300.000 colillas recolectadas en los dos años de la organización, a Betancourt le resulta una cifra insuficiente, por lo que se plantean llegar al millón para finales de este año. Para ello, es necesario involucrar a diversos grupos sociales, empresas y organizar jornadas de recolección.  Los recolectores de colillas cuentan con una comunidad amplia en sus redes sociales, con más de 13.000 seguidores en Instagram, espacio donde publican actividades que realizan, convocan a recolecciones e informan acerca de la gravedad de esta problemática.

Luego de la recolección sigue el proceso de reciclaje. Para eso, No Más Colillas se adhiere a Teko, un proyecto que consiste en resolver la incertidumbre de cómo reciclar colillas de cigarro. El proceso se da al reutilizar el filtro de algodón, conformado por acetato de celulosa, que después de sufrir diversos procesos se puede transformar en variados tipos de plástico.

“El cambio empieza desde lo individual, necesitamos la voluntad de cada uno y luego se da lo colectivo. Nunca vamos a crucificar a los fumantes, pero juntos podemos identificar esta problemática y corregirla de forma fácil. Venimos de una costumbre bastante arraigada que es desechar residuos en la vía pública, la colilla es tan común que muchas veces la pasamos por desapercibida”, concluyó Betancourt.

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