El embajador sueco con el presidente Salvador Allende. Foto: martazabaleta.blogspot.com

Frente a las negociaciones de nuestro país con el gobierno estadounidense por el recibimiento de seis presos de la prisión de Guantánamo, el presidente Mujica manifestó que “con la excepción de los dolorosos años de la dictadura, el Uruguay ha sido un país de refugio y para nosotros esta es una cuestión de principio”. Del mismo modo, recordó el caso de refugiados uruguayos que fueron recibidos por otros países. Lo que permite traer a colación una situación similar vivida por un grupo de uruguayos que escaparon de la dictadura en 1973.
Miembros pertenecientes al Movimiento de Liberación Nacional – Tupamaros (MLN-T), se dirigieron a Chile escapando de la dictadura cívico-militar uruguaya. Entre 50 y 60 uruguayos fueron apresados por el régimen del comandante en jefe del ejército Augusto Pinochet Ugarte, en el Estadio Nacional de Chile en la ciudad de Santiago, a raíz del golpe de Estado ocurrido en setiembre del mismo año. Permanecieron allí por más de un mes en condiciones infrahumanas sufriendo carencias sanitarias y alimenticias, y también torturas.
Según comunicaban diferentes medios chilenos, principalmente los medios oficiales, los extranjeros representaban un peligro para Chile por sus ideas subversivas. De modo que se solicitó a todos los extranjeros que se presentaran en las comisarías. Hubo gente que se presentó y que nunca más fue vista. En cambio aquellos que permanecieron en el país, ya sea intentando escapar del mismo o escondiéndose de las fuerza militares, fueron llevados a la fuerza al Estadio Nacional. El estadio fue utilizado por las fuerzas armadas como campo de concentración para presos políticos y extranjeros durante la dictadura chilena. Los actos de violencia contra los prisioneros fueron permanentes y brutales, desde torturas hasta la muerte misma.
Harald Edelstam, embajador sueco en Chile en ese momento, fue el responsable de lograr trasladar a este grupo de uruguayos junto con otros cientos de latinoamericanos fuera del país, hasta que en diciembre DE 1973 fue declarado “persona non grata” por el gobierno de Pinochet y debió retirarse del país.
Rolf Bengtsson, el secretario de Edelstam, contó cómo el embajador hizo uso de su autoridad para que se le permitiera ingresar al estadio en busca de suecos. Una vez dentro, un grupo de uruguayos, entre ellos Julio Baraibar (ex Ministro de Trabajo y Seguridad Social), se acercaron al diplomático en busca de ayuda. Edelstam logró negociar un acuerdo con el jefe militar y un par de funcionarios administrativos, que estaban a cargo de ellos, para poder trasladar a los uruguayos a la embajada de Suecia. Al día siguiente, el embajador pasó a buscarlos y los refugió en la embajada por tres semanas hasta que pudieron marcharse.
Momentos antes de partir, los militares intentaron apresar a algunos de los uruguayos. Se generó un forcejeo entre los militares y Baraibar, hasta que la insistencia de Edelstam logró que lo soltaran. Finalmente, los uruguayos pudieron escapar.
Ante las declaraciones de la oposición que aseguraban que el arribo de los presos sólo generaría más problemas para el país, debido a que podrían afectar la seguridad o las oportunidades de trabajo de los propios uruguayos, Mujica sostuvo que Uruguay ha refugiado gente en casos anteriores, y que “no se puede hacer la vista gorda frente a la situación de personas que llevan años sin comunicación con el mundo exterior y que nunca han sido juzgados apropiadamente”.
Florencia Beceiro
 

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