El mundo atraviesa un desafío medioambiental por el gran volumen de basura generado por actividades humanas, y Uruguay no es la excepción. Según estima la asociación Cempre, en promedio, cada uruguayo produce un kilo de basura a diario, lo que en escala nacional significa 3.660 toneladas de basura por día y 1.335.000 al año.

Al vertedero montevideano Felipe Cardoso llegan 600 camiones de basura por día. Los desechos no tienen otro fin que ser depositados, aplastados, compactados y tapados de tierra, lo que genera que cada vez haya más basura.

A partir de esta realidad, Francisco Voulminot realizó su trabajo de grado para la Universidad ORT y, a partir de un encuentro junto a su prima, Soledad Chiarino, decidieron asociarse e iniciar una empresa que se ocupara de dar otra oportunidad a desechos reciclables. Fueron pioneros en crear un sistema efectivo para gestionar los residuos, ya que si anteriormente una empresa quería desecharlos de una forma responsable, no había un sistema claro y profesional. En cuanto a las personas, aunque se tomaran el trabajo de separar sus desechos, años atrás el basurero los mezclaba y se terminaban depositados en la usina de Felipe Cardoso. 

Acciones por el Bien de Todos (Abito) nació de la importancia de que efectivamente los desechos sean reciclados o compostados. Su misión es ser articuladores entre el que genera residuos y el que recicla. “Nuestro objetivo es facilitar para que si alguien quiere ser sustentable y hacer las cosas de forma responsable, lo pueda hacer”, expresó su directora a Sala de Redacción.  

El mecanismo de trabajo se produce en conjunto con la ciudadanía, que es capacitada para que se produzca la llamada clasificación en origen. Además, se colocan estaciones a las que se identifica por grupo -reciclables, papel, cartón, vidrios- y, a medida que se generan residuos, se desechan en su lugar correspondiente. “Somos una solución para buscarle la vuelta a todos los residuos que genere una empresa y buscamos la mejor salida para cada residuo”, afirmó Chiarino.

Los materiales que principalmente se reinsertan en el ciclo son el cartón y el papel y en menor volumen los plásticos tipo 1, 2, 4 y 6 y latas, pero el volumen más grande se obtiene de la fracción compostable. Abito se encarga de retirar los restos de comida de supermercados, colegios, comedores y empresas y los envía a compostar. Esta acción es la que tiene mayor impacto a la hora de reciclar, principalmente por las emisiones de dióxido de carbono que, si los residuos terminan en el vertedero, producirán gas metano, que es 22 veces más contaminante que el dióxido de carbono.

-¿Cómo ves a Uruguay en términos de conciencia ambiental?

-El marco normativo apura a que por necesidad la sociedad tenga que adaptarse y vamos a terminar siendo un país muchísimo más sustentable. Tenemos que educar y construir entre todos las credenciales para que las cosas realmente pasen. Hay que salir del discurso y llevarlo a la práctica. Yo también aprendí de la importancia del reciclaje en el colegio, pero después pasaba el recolector de residuos, se llevaba los desechos, se mezclaban y terminaban en el basurero.

-Afirman que son una empresa de triple impacto, ¿en qué consiste?

-Implica tener impacto en tres áreas protagónicas de la sustentabilidad: económica, ambiental y social. Nosotros tenemos un impacto muy fuerte en lo ambiental, pero también en lo social, porque queremos ingresar a quienes anteriormente trabajaban en la informalidad a la cadena para que trabajen como recicladores. Lo que hacían anteriormente, pero dentro del ámbito formal.


Desde que se fundó la empresa, Abito sabe el impacto exacto que tiene sobre el medio ambiente y eso es a partir que sus datos son cuantificados y ejemplificados:

45.907 kilos de materiales reciclados equivalen a 8.261 árboles no talados

435.525 kilos de materiales compostables son 10.590.994 de litros ahorrados

2.218.257 de botellas de plástico recicladas implican 347,97 toneladas de dióxido de carbono no emitidas

Impactos

Laura Correa es parte del equipo de clasificadores de la empresa, que está conformado por ocho personas. Todas ellas vienen de un contexto informal de recolección y clasificación de residuos.

La oportunidad de formalizar su trabajo fue a partir de conocer a Voulminot, a quien conoció por medio de Luceros, una organización que le brindaba un plato de comida caliente a Correa y su familia. Cuando Abito se empezó a gestar, Voulminot se comunicó con Correa y su esposo: “Arrancamos a trabajar los dos en la parte de reciclaje una vez por semana y luego yo quedé de forma fija en 2020”, afirmó la clasificadora.

El trabajo de Correa y sus compañeros consiste en clasificar cada cosa que se pueda reciclar, mientras que los materiales que no forman parte de este grupo son enviados a la usina Felipe Cardoso. Respecto a su trabajo, la clasificadora explicó a Sala de Redacción que ya tiene naturalizado este tipo de trabajo, porque lo ha hecho toda su vida. 

-Si tuvieras que comparar tu trabajo anterior con el actual, ¿en qué se diferencian?

-En todo, antes nosotros clasificábamos arriba de un carro de caballo y hoy en día estoy trabajando en una empresa. Ahora cuento hasta con un equipo de protección: guantes, tapabocas, gafas. También siento que hay un marco legal que me ampara. Sin embargo, mi esposo sigue trabajando en la clasificación de residuos en forma informal.

Por su parte, destacó que desde que se unió a la empresa tuvo muchos cambios positivos a nivel personal y familiar, principalmente por la estabilidad que le generó. Incluso ha llevado a un familiar y conocidos para que empiecen a trabajar en la empresa.

Por último, Correa subrayó la importancia que tiene ABITO sobre el medio ambiente y afirmó que no conoce otra empresa que haga algo parecido.

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