Samuel Blixen es periodista, docente y escritor. Actualmente, escribe para el semanario Brecha y ejerce la docencia en la Facultad de Información y Comunicación de la Universidad de la República desde 2002. “Yo no estudiaba”, dice entre carcajadas. Por esa razón, su madre habló con parientes de su padre, que eran dueños del diario El Plata. “Y bueno, me aceptaron”. Así, empezó en el verano de 1959. “Tuve la suerte de que viejos periodistas me adoptaran y me orientaran en el manejo del oficio”, recuerda.

Fue una época de lector voraz. Había leído La ciudad y los perros, de Vargas Llosa, y reconoció una repetición en la técnica literaria del autor: según el personaje, capítulo o situación, se modificaba el estilo. “Yo ‘plagiaba’ todo eso”, cuenta, “pero así, abiertamente”, ironiza. Entonces, llegó el momento: lo mandaron a la Plaza de los Bomberos porque había un hombre que daba vueltas a la manzana; “era un tipo que quería romper el récord de caminata de Guinness, y yo me puse con él, caminé, conversé y bueno, hice la nota”. Sin embargo, en lugar de hacer una nota simple e informativa, Blixen decidió jugar con lo que había aprendido de sus lecturas literarias; la nota tenía una parte en primera persona y otra que presentaba desde fuera la reflexión de alguien que pasaba por ahí.

Los ojos en la sospecha

Como en toda profesión, a quienes ejercen y estudian periodismo los persiguen las dudas. ¿Cómo debe ser un buen periodista y qué lo diferencia de uno malo? “La manipulación y la mentira”, dice Blixen. “El mal periodista es el que esconde parte de la información porque tiene un prejuicio o una postura”. Sin embargo, agrega que puede ser común y “casi inevitable” caer en esas prácticas y que solamente una buena formación en el oficio nos enseña a tratar resultados, reflexiones y análisis aunque la información contradiga nuestros valores.

Para Samuel Blixen, un buen periodista es aquel que sospecha. Su primera característica, entonces, es “ser desconfiado”. El periodista “tiene la posibilidad de pensar mal de todo el mundo y después retractarse”, aunque no sea de manera pública. Un periodista trabaja en base a su sospecha y su prejuicio, que luego podrá, o no, descartar. “La sospecha es un motor fantástico siempre que no te enamores de ella”, explica. Lo importante es “confrontarla con la realidad” y luego ver qué tanto uno se había equivocado.

De todas maneras, no basta con ser desconfiado para ser buen periodista; se tiene que tener, además, “una cultura amplia”. Para alcanzarla, Blixen piensa que no es suficiente informarse en medios, pues este tipo de cultura se crea a través de la lectura de otras disciplinas. Para el docente, el periodista debe hacer un esfuerzo para entender temas que son ajenos a los que normalmente trabaja “porque te van a tocar temas de biología, de antropología, que te obligan a comprender aspectos más abstrusos de una disciplina”. De esta manera, el periodista obtendrá un volumen de conocimiento que luego se expresará en su labor periodística y que le dará una percepción más acabada, más profunda, sobre la realidad.

Finalmente, sobre la importancia de la cultura, Blixen lamenta que, muchas veces, la formación periodística lleve a los jóvenes a ser eficientes al redactar noticias y dar lo puntual, pero es “muy difícil ver periodistas jóvenes que lean novelas”.

Los hacedores

Aunque la materia prima básica del periodismo es la información, Blixen explica que no cualquier tema es de interés periodístico. El valor está en el impacto: debe ser un tema que hable “sobre la cotidianidad del público”. Si el periodista considera que su tema impacta ampliamente en sus lectores, podrá proceder a la búsqueda de información.

Sin embargo, no solo se trata de recabar información nueva, sino, también, de tener un contexto. Para esto, los periodistas recurren a lo que Blixen llama “información abierta”, es decir, todos los antecedentes que ya se han publicado sobre el tema a investigar. La información abierta le permite al periodista tener un panorama de lo que ya se ha dicho y de lo que falta decir, además de permitirle “establecer cuál es el tamaño de la novedad que vas a difundir”. Para Blixen, no hay forma de que el periodista avance en la investigación de un tema si no se tiene conocimiento de lo que ya fue escrito; eso tiene que ver con que, muchas veces, “la primicia, el hecho novedoso, en realidad no lo es tanto”.

De acuerdo con Blixen, la información ya publicada está sancionada por el tiempo como hecho real. “Los periodistas nos manejamos con el concepto de que aquello que ha sido publicado y no ha sido desmentido está ratificado”, subraya. Por lo tanto, el periodista debe conocer la información publicada y conjugarla con la nueva información conseguida. “No hay forma de que tú avances en el conocimiento de un tema si no tenés el conocimiento previo. Si no, no tenés los elementos, los criterios para decir si la novedad que te aportó una fuente matiza todo lo que se ha dicho antes”.

A la hora de sentarse a escribir una nota, ya con toda la información a mano, se deben tener en cuenta algunos aspectos para lograr que el resultado sea un buen texto. Para Blixen, hay dos características fundamentales: en primer lugar, que esté bien escrito. Parece una obviedad, pero una buena redacción es clave. El periodista no puede obligar al lector a que “trate de descifrar” lo que quiso decir. Así, la forma en que se comunica la información es, entonces, sustancial. En segundo lugar, está la jerarquización de la información, pues, en una noticia, cuya base es lo nuevo, es importante que el periodista tenga claro cuál es ese elemento novedoso, qué es lo que hace de su nota un avance sobre el tema. Una vez clarificado esto, el periodista puede centrarse en el tratamiento de la información y “si podés, le das otros elementos de juicio como pueden ser el contexto o los antecedentes”.

Kassandra Carbonari y Lucía Silveira

Esta serie, titulada “Detrás de las noticias”, reúne entrevistas a cuatro periodistas uruguayos. El objetivo es presentar a los lectores interesados en el quehacer periodístico los valores y prácticas que guían su labor cotidiana en medios escritos. El trabajo deriva del proyecto de investigación “¿Cómo leen los periodistas?”, financiado por la CSIC, y los textos que se incluyen fueron elaborado por los tutores de Sala de Redacción Rosina Arcos, Kassandra Carbonari, Sofía Dri, Lucía Pereira, Emiliano Santucho y Lucía Silveira, con la orientación de las profesoras Betania Núñez y Amanda Muñoz de la Sección Académica Periodismo y Damián Díaz de la Sección Académica Lenguas y Estudios sobre el Lenguaje.

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