El picudo rojo, un insecto que proviene del sur de Asia y está afectando las palmeras de Uruguay, principalmente en Montevideo y Canelones, sigue dando que hablar desde su llegada, en 2022. En diálogo con Sala de Redacción, Gabriela Grille, ingeniera agrónoma del Municipio D de la Intendencia de Montevideo afirmó que “no hay una estrategia a nivel país que tome en cuenta todos los aspectos que se tendrían que tener para poder frenar el avance de la plaga”. Consideró que eso representa una preocupación porque es una “especie gregaria que se junta en grandes cantidades”.

Grille consideró que “lo mejor para estos casos tiene que ser la detección temprana del insecto, para ver cómo se manifiesta en el follaje del territorio nacional”. Relató que el combate a la plaga consiste en aplicar una “endoterapia, que consiste en inyectar un insecticida autorizado por el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca en el tronco para poder alcanzar y matar a las larvas que allí habitan”.

Según Grille, el “gasto ha sido costoso” tanto en el tratamiento de las palmeras infectadas, como para deshacerse de aquellas en las que el insecto se detectó tardíamente, tarea que implica cortarlas y enterrarlas para que el picudo no siga moviéndose. Observó, además, que supone un “impacto económico que se ve cuando la plaga ataca las áreas verdes turísticas”. 

Ampliar la mirada

El uso de insecticidas fitosanitarios parece ser lo normal para el combate de plagas. Sin embargo, existen quienes lo cuestionan, como el grupo Bio Uruguay, fundado en Tacuarembó en 2003, que se dedica al control biológico con agentes naturales y autóctonos. A partir de que se empezaron a usar agroquímicos en la soja, el grupo ha señalado que si bien son efectivos contra la plaga, son dañinos para el ecosistema y afectan el desarrollo natural de los territorios. 

Hace más de una década que Bio Uruguay propone una ayuda más amigable con el ecosistema a los productores rurales que deciden acceder a su servicio para el control de plagas en sus plantaciones y ganado. Lo consigue a partir de una “prospección de organismos a nivel de suelo para combatir naturalmente diferentes plagas, como en su momento fueron los pulgones o la mosca blanca, que afectó las plantaciones” explicó a Sala de Redacción Alda Rodríguez, su fundadora.

Según Rodríguez, el grupo logró “aislar varios hongos patógenos del picudo, y luego se hizo una evaluación de cuál era el más efectivo para combatirlo”. De esta manera, encontró un hongo autóctono que sirve para controlar y eliminar la plaga. “Si se hace una aplicación temprana o se agarra en las primeras etapas de infectada la palmera, hay un entre un 80% y un 85% de posibilidades de que se salven sin problema”, afirmó. Por esta razón, dijo que “sorprende que el Estado no esté implementando una solución de carácter natural” y, en cambio, “esté apostando a los químicos”.

“Todo el mundo cree en químicos y si no usáramos esa cantidad de fármacos no estaríamos matando la diversidad de organismos que hacen el control biológico”, advirtió la fundadora de Bio Uruguay, quien agregó que la plaga del picudo rojo ha crecido gracias a la débil respuesta de nuestro ecosistema. 

En ese sentido, Rodríguez aseguró que es importante tener una “estrategia” en el país, que promueva la posibilidad de “reconocer en la naturaleza los organismos beneficiosos para combatir este tipo de plagas”. Para que suceda, señaló que es necesario que “los que tienen cargos más altos dentro del ornamento público entiendan y acepten una solución biológica” que permita enfrentar el problema desde otra perspectiva.

Asimismo, Rodríguez cuestionó la forma en que el tema ha estado en agenda y “ha sido tratado por la prensa” porque, mientras la plaga del picudo rojo se expande, “en Uruguay hay un problema extraordinario con el uso nocivo de insecticidas que afectan en diferentes sectores agropecuarios como la ganadería, la lechería y la horticultura”, apuntó. 

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