Lado A

Empatía, conexión, gratitud, placer, confianza, amor… éxtasis. Todos los fines de semana miles de personas buscan esta experiencia idílica, y casualmente existe un compuesto químico que la ofrece. Su nomenclatura es 3,4-metilendioximetanfetamina y se abrevia “MDMA”. Ya sea en forma de “pasti” o cristales, quien la consuma liberará en su cerebro una serie de hormonas y sustancias que le harán alcanzar un alto grado de bienestar. Cuando se ingiere, el MDMA tarda entre 20 y 70 minutos en hacer efecto. De repente, el subidón: serotonina y norepinefrina hacen lo suyo. Luego de unos diez minutos, llega un efecto de meseta que dura entre dos y tres horas, y los efectos se retiran de manera escalonada. Para no perder la magia, los consumidores de la “penicilina del alma” espacian los eventos de consumo. El éxtasis no es una droga que desate episodios de violencia en las fiestas en las que circula. Por el contrario, los usuarios experimentados describen situaciones de armonía y cuidado por el otro, en las que el consumo es enmarcado por un alto conocimiento técnico de la sustancia y una gran conciencia del riesgo.

Hoy, el uso de MDMA excede a lo recreativo. Nunca hubo tanto volúmen de estudios a tal velocidad respecto a su uso médico. Tan es así que en junio Australia legalizó el uso terapéutico de MDMA y ciertos hongos psicoactivos, y este año en Uruguay el senador por el Partido Nacional, Juan Sartori -empresario vinculado al negocio del cannabis- presentó un proyecto de ley con un objetivo similar. En 2021, un estudio impulsado por la Asociación Multidisciplinaria de Estudios Psicodélicos (MAPS), con sede en California, Estados Unidos, concluyó que “tres dosis de MDMA suministradas en conjunto con terapia en el curso de 18 semanas, resulta en una atenuación significativa y robusta de los síntomas de trastornos de estrés postraumático”. 

La psicoterapia asistida con MDMA parece facilitar el procesamiento de eventos traumáticos en unas pocas sesiones, como alternativa al abatimiento de los síntomas con psicofármacos de uso diario. Bajo la supervisión directa de un profesional, en un espacio cuidado, es posible acelerar el proceso terapéutico de pacientes que llevan décadas en tratamientos convencionales. Hay en curso estudios sobre su uso para el tratamiento de adicciones, ansiedad social, autismo, trastorno obsesivo compulsivo, anorexia, esquizofrenia, comportamientos suicidas, enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson y hasta terapias de pareja. Un reporte de 2020 de Research and Market predijo que para 2027 el mercado de los psicodélicos alcanzará más de 10 mil millones de dólares. Según algunos autores, como el psicofarmacólogo Antón Gómez-Escolar, este “boom” en la exploración clínica del MDMA está generando, desde la pandemia por Covid-19, un cambio de perspectiva social sobre su utilización. Tal como sucedió en los 80’, el fenómeno podría resultar en una oleada de uso recreativo que dificultaría una situación ya compleja en la región respecto a este tipo de drogas.

Hace poco más de tres meses, la Junta Nacional de Drogas (JND) organizó una “Jornada Internacional sobre drogas de síntesis” en el Anexo de la Torre Ejecutiva. El evento contó con la presencia de expertos en diferentes disciplinas, que se propusieron analizar el tema en profundidad. El último informe disponible sobre consumo de drogas de la población en general en Uruguay, realizado en el 2018 por el Observatorio Uruguayo de Drogas (OUD), un área técnica de la JND, indicó que un 2,4 por ciento de los encuestados declara haber consumido éxtasis alguna vez. Aunque la cifra fue bastante menor que las de sustancias como el alcohol, el tabaco o la marihuana, dio cuenta de que por lo menos 15.000 personas consumieron éxtasis en los últimos doce meses previos al estudio. El informe también señaló que la prevalencia del consumo fue mayor en varones de Montevideo de alto nivel socioeconómico, y que el uso de la droga se inicia, mayormente, entre los 22 y 24 años de edad. ”Puede sostenerse que el consumo de estas sustancias viene en crecimiento”, fue una de las conclusiones del OUD en 2018. Este año se repetirá la encuesta para actualizar la información. Los resultados estarán disponibles en 2024.

Pero el informe del equipo especializado de la JND no es el único que se ha llevado adelante en Uruguay sobre el tema. En 2014, el antropólogo Marcelo Rossal participó de una investigación situada en fiestas electrónicas, y se dedicó a dialogar con consumidores de MDMA. Encontró usuarios con “una gran conciencia del riesgo”, de “un alto capital cultural”, y en algunos casos, con formación universitaria en medicina y química. Los consumidores mantenían una “mirada subversiva” respecto al discurso del prohibicionismo, y no tenían problema en compartir las sustancias para su análisis químico. “Uno no imagina a una persona con una grave adicción dando parte de su sustancia para que se la analice”, reflexionó Rossal en la jornada realizada en el anexo de Torre Ejecutiva, en la que repasó aquel trabajo.

En 2019, la investigadora y docente de la Facultad de Psicología, Leticia Aszkinas, realizó un estudio consultando fuentes similares a las del antropólogo. Notó que los usuarios de MDMA, de clase media y media alta, “no se esconden para consumir”, pues el éxtasis parece no cargar con el mismo estigma que otras drogas, por gozar de cierto valor social o “cualidad hegemónica”. Quienes dialogaron con Aszkinas narraron experiencias placenteras, reflexivas, subjetivantes y perdurables en el tiempo. “Uno de los entrevistados decía: «Siento que las experiencias de consumo me sacaron cierta violencia a la hora de estar en el tránsito»; otro afirmaba: «Ahora me siento habilitado a abrazar más a mi madre»” rememoró la docente en la jornada organizada por la JND. El concepto de “consumo cuidado” fue un común denominador en las entrevistas y en los usuarios pudo identificarse una tendencia a informarse sobre reducción de riesgos, las características del evento en el que pretendían consumir y las referencias del proveedor de éxtasis. 

Este parecía ser el escenario… al menos hasta hace cinco años. Rossal entiende que “las sociedades cambian muy rápido”, por lo que hoy pueden estar ocurriendo nuevos fenómenos que implican otros desafíos. Ya en 2014 algunos usuarios advertían una proliferación de pastillas con adulterantes desconocidos por los propios vendedores. “Desde la pandemia en adelante, las fiestas han cambiado en sus formas. Por la experiencia regional, sabemos que hay nuevas sustancias y nuevas formas de uso. Por ejemplo en fiestas callejeras o por parte de personas que no tienen el capital cultural que tenían estos usuarios a inicios de la década del 2010”, expuso el antropólogo. 

Lado B

Según el médico toxicólogo Antonio Pascale, también presente en la jornada, si hace quince años alguien decidía consumir una pastilla de éxtasis, lo recomendable era empezar con un cuarto, dado que contenían entre 50 y 100 miligramos de MDMA. Hoy empezar con un cuarto de “pasti” significa consumir una pastilla entera de las de antes. “La pureza no implica menos riesgo”, aclaró Pascale. Javier Bonda, químico forense en el Instituto Técnico Forense (ITF) del Poder Judicial –organismo que se encarga de analizar, entre otras, las drogas incautadas- explicó en la conferencia de la JND que en 2019 comenzó a recibir las “súper pastillas”, con un contenido de entre 250 y 300 miligramos de MDMA. Además, a fines del 2021 el MDMA empezó a ser sustituido por el MDA. Se trata de un precursor que requiere una dosis menor para hacer efecto y que tarda más en provocarlo. Pero su “pegue” no es exactamente igual al del MDMA, sino que dura más horas y se considera más estimulante que entactógeno (término con el que se alude a sustancias de la familia del MDMA que incrementan las sensaciones táctiles de quienes las consumen). Bonda también dio cuenta de que en las pastillas analizadas por el ITF viene incrementándose la presencia de adulterantes como metanfetamina, cafeína, catinonas sintéticas, tramadol, aspirina, dextrometorfano, entre otros, que pueden ocasionar combinaciones tóxicas y que son aún más peligros en comprimidos “defectuosos en su síntesis”.

Muchas de estas nuevas pastillas vienen ranuradas para ser racionadas, algo que algunos consumidores más experimentados conocen, pero otros tantos no. Pascale advirtió “cambios permanentes y dinámicos en los patrones de consumo”, como mecanismos de microtráfico a través de la dark web o grupos de Telegram, así como una aceleración en la síntesis de nuevas sustancias, que a partir de pequeñas modificaciones moleculares buscan evadir el control internacional. Según Bonda, se ha estado gestando en países limítrofes un aprendizaje post pandémico en cuanto a síntesis de psicodélicos. Recientemente se desmantelaron laboratorios de MDA en Río Grande do Sul y Santa Catarina, lo que puede explicar la mayor presencia de esta sustancia en nuestro país. 

Otra de las participantes de la jornada de la JND fue Leticia Keuroglian, socióloga colaboradora del OUD. Keuroglian enfatizó que uno de los mayores riesgos del consumo de este tipo de drogas radica en que muchas veces se comercializan bajo denominaciones erróneas y “los usuarios piensan que están adquiriendo una cosa cuando en realidad están consumiendo otra”. En conversación con Sala de Redacción, la socióloga explicó que estos equívocos significan un desafío en casos de intoxicación, porque se cae en el riesgo de no poder hacer un buen diagnóstico y, por ejemplo, aplicar medidas de cuidado no adecuadas a la sustancia consumida. Marcelo Rossal obtuvo testimonios en los que se narraban experiencias donde “los empresarios de fiestas impedían el acceso al agua para un mayor lucro en la venta”, lo que podía generar más riesgo que los propios efectos de la droga. En ocasiones, los usuarios experimentados también relataban haber consumido algo distinto a lo pretendido, y podían prever el mal viaje cuando los efectos se tornaban más “anfetosos” que empatógenos: “Cuando en vez de acrecentarse la felicidad se acrecienta la ansiedad, podría ser uno de los modos de definir el inicio de un mal viaje”, explicó el antropólogo.  

Pascale sostuvo que en casos letales, generalmente el factor detonante es el policonsumo, que puede producirse por la ingesta de un comprimido que contenga un principio activo en conjunto con múltiples adulterantes o por el consumo de distintas drogas por separado. “En ocasiones, el que consume MDMA también consume ketamina, poppers, cocaína, marihuana o alcohol. La asociación de alcohol con este tipo de sustancias, al igual que la cocaína, potencia la toxicidad”, explicó el toxicólogo. Muchas veces el fenómeno de la tolerancia farmacológica causa en los usuarios la necesidad de aumentar la dosis para obtener el mismo efecto, incrementando las posibilidades de experimentar un mal viaje o a una toxicidad aguda. También hay factores ambientales. El esfuerzo físico de bailar por horas en un ambiente confinado, sumado al policonsumo, puede ser un cóctel fatal. “En dos horas puede desarrollarse una falla multiorgánica que comienza con la destrucción muscular, aumento de temperatura corporal, arritmias cardíacas, injuria renal, edema pulmonar, falla cardiovascular”, detalló el médico. Todo esto resulta en que las sobredosis deban resolverse en la ambulancia. Si bien es fundamental mantenerse hidratado al consumir éxtasis, Pascale también advirtió que en este contexto “la ingesta excesiva de agua sin sales minerales puede conllevar a un hiponatremia”, es decir, una disminución de los niveles de sodio en sangre que puede resultar en muerte cerebral.

En la intervención de Aszkinas también hubo advertencias sobre riesgos para la salud. La especialista sostuvo que los hábitos de cuidado descritos en su investigación, en ocasiones generan a los usuarios una falsa “sensación de control” que “suele eclipsar la identificación de riesgos asociados al consumo”. Hay quienes piensan conocer la composición de un comprimido por que es de un determinado color o forma. Pero el contexto de ilegalidad hace que no se trate de una producción estandarizada ni regulada, por lo que dos pastillas idénticas a simple vista podrían contener sustancias distintas. Generalmente, los testeos disponibles en algunas fiestas pueden identificar presencia o ausencia de sustancias pero no su dosificación. “Si no accedemos a una analítica absoluta, no estamos protegidos por tomar agua, ir espaciando los eventos o conocer la composición”, reflexionó. Askinas dijo a Sala de Redacción que esta percepción de bajo riesgo lleva incluso a incurrir en conductas de microtráfico. “Hay quienes dicen: «Yo compro 30 pastillas para mí y para mis amigos». Tenés que tener en cuenta que si un juez te ve con eso, no va a pensar en consumo personal. Nadie anda con 15 gramos de ‘merca’ encima, pero con 30 pastillas sí. Los usuarios no lo dimensionan”, subrayó. Otro riesgo latente, es que la “buena prensa” del MDMA, comercializada como “la droga del amor”, pueda estar originando “un consumo de moda” que abre el mercado a otros sectores de la población que buscan acceder al valor social que lo reviste. 

Distintas dosis (de información)

El Observatorio Uruguayo de Drogas es uno de los organismos encargados de la vigilancia epidemiológica del consumo de sustancias psicoactivas en nuestro país. Se encarga de gestionar el Sistema de Alerta Temprana (SAT), una red interinstitucional que funciona desde 2014 y promueve un rápido intercambio de información acerca de la detección de drogas emergentes o adulteradas que amenazan la salud pública. La academia, la sociedad civil y los organismos internacionales reúnen información acerca de estudios, análisis químicos, caracterizaciones por apariencia de las drogas, posibles riesgos y casos clínicos de intoxicaciones. Según explicó Keuroglian, gracias a estos datos se publican ocasionalmente placas informativas y boletines que se difunden en fiestas de electrónica o en redes sociales. 

En la plataforma web del SAT hay un banco de datos, historiales, una biblioteca con material de interés y un foro donde las instituciones asociadas intercambian información. Hasta el momento, se han generado 135 notificaciones nacionales acerca de nuevas drogas y adulteraciones. Javier Bonda dijo que pretendía que la información obtenida en su trabajo y brindada al SAT “sea útil para los consumidores mismos, para que sepan qué es lo que están realmente consumiendo, porque seguramente ni los vendedores saben lo que les están vendiendo”. Sin embargo, la plataforma tiene el acceso restringido solamente a las instituciones colaboradoras. Si bien hay posibilidad de denunciar una nueva droga o una adulteración, la única información abierta disponible son seis alertas públicas. La última fue el 12 de noviembre del año pasado, cuando circularon pastillas con el logo de la compañía de videojuegos EA Sport que pretendían ser éxtasis pero estaban adulteradas, lo que causó graves intoxicaciones. Keuroglian aclaró que el observatorio debe evaluar cuándo una situación amerita lanzar una advertencia a la población, para no generar falsas alarmas. Además, en la plataforma están disponibles los contactos de referencia para evacuar dudas, como el del Centro de Información y Asesoramiento Toxicológico del Hospital de Clínicas. 

El monitoreo epidemiológico de sustancias prohibidas tiene sus dificultades. Keuroglian explicó que a menudo se presenta el dilema de si el Observatorio está “conociendo lo que hay que conocer”. En ocasiones, aparecen “grandes limitaciones” a la hora de captar los eventos nuevos “que pueden ser de baja magnitud pero de gran impacto a nivel de la salud pública”, así como patrones de consumo específicos, perfiles de los usuarios y prácticas de cuidado. Una forma de acercarse más al objeto de estudio es el testeo de MDMA en las propias fiestas. En 2016 se aplicó por primera vez este mecanismo en la fiesta de música electrónica “La Terraza”, a la que acudieron 2800 personas. Según una nota de Guillermo Garat -periodista especializado en drogas recreativas- publicada en La Diaria, de 100 muestras de “pastis”, 30 estaban adulteradas. Además, lograron detectar cocaína adulterada con levamisol un mes antes de que fuera alertado por el Sistema de Alerta Temprana. Durante esta fiesta no fue necesaria la atención médica por intoxicación de éxtasis. Sin embargo, desde la Secretaría Nacional de Drogas y el Ministerio del Interior (MI) se desalentó la iniciativa. 

Leticia Aszkinas dijo a Sala de Redacción que a su criterio, “no es sencillo encontrar voluntad política” para crear vías de comunicación con la población que abiertamente publiquen información sobre droga adulterada: “En general de estas cosas se encarga siempre la sociedad civil, porque si lo hace el Estado puede tener recriminaciones como: «¡Ah! Les estás explicando todo para que se droguen mejor»”.  Con respecto a los testeos en fiestas, Aszkinas opina que desde el MI no es posible permitir que suceda un testeo y “hacer como si nada”, a sabiendas de que están circulando sustancias ilegales. Además, hay que considerar la seguridad de quienes testean. “En un momento tenés en tu pequeño laboratorio un montón de sustancias que estás manipulando, pero no tenes un marco legal para hacerlo. La intención es que se vea una acción de informar a los usuarios, pero no un gesto que pueda ser de trasgresión o ilegalidad”, advirtió la docente. Keuroglian también contó que además de las muestras por incautaciones, el método que hoy se utiliza para conocer lo que circula en las fiestas es el análisis de aguas residuales. “No creo que haya datos que descartemos totalmente. La idea es poder ir triangulando la información de distintas fuentes y entendiendo la foto con esa gran mirada”, explicó.

Tanto Aszkinas como Keuroglian recomiendan a los consumidores acudir a Imaginario 9, un colectivo de la sociedad civil que trabaja desde la perspectiva de reducción de daños y gestión de riesgos. La organización colabora con el SAT y desde 2018 difunde información en sus redes para el cuidado propio y colectivo de quienes elijan consumir una droga psicoactiva, además de publicar los testeos a muestras de drogas que los usuarios acercan. Tal como explicaron la abogada Emilia Pérez y la antropóloga Rocío del Pilar en la jornada de la JND, el colectivo trabaja desde una “militancia social” en la política de drogas y una “perspectiva centrada en los Derechos Humanos”, estableciendo diálogos horizontales e intercambiando conocimiento con los consumidores. Si bien ya no hacen testeos in situ, continúan organizando intervenciones previas a fiestas con gran convocatoria, de electrónica o de otros géneros musicales. “A veces está la idea de que allí [en las fiestas de electrónica] se consumen estas sustancias, pero comprobamos en los hechos que hay un universo mucho más amplio donde se usan drogas sintéticas”, desmitificó la antropóloga. Pérez recordó que al no tener financiación “muchas veces no hay plata para adquirir determinadas herramientas que sirven para analizar”, por lo que la capacidad del laboratorio es limitada.

En diálogo con Sala de Redacción, la especialista comentó que los reactivos para testear patrones “se van desgastando con el uso”, y que para reabastecerse no sólo existen problemas económicos, sino que hay requisitos que demoran el proceso. También explicó que el paradigma de reducción de riesgos “surge desde el norte para los problemas del norte”, por lo que el trabajo del colectivo es hacer una adaptación para el fenómeno del sur. Para esto mantienen contacto con otras organizaciones de Latinoamérica que impulsan un trabajo similar, además de contar con el apoyo de Energy Control, un proyecto de reducción de daños pionero en España que prestó capacitación a Imaginario 9 para el análisis de drogas sintéticas.

Panorama regional

Como la circulación de las drogas trasciende fronteras, los especialistas señalan la importancia de prestar atención desde Uruguay a lo que sucede en los países de la región, para tratar de estar un paso adelante. Como ejemplo, se refieren al caso de Time Warp, la fiesta de electrónica de Buenos Aires en la que, en 2016, fallecieron ocho personas (una de ellas uruguaya) a causa del consumo de droga adulterada y de los descuidos organizativos por parte de la producción. Tras el trágico episodio, las fiestas de música electrónica fueron prohibidas en la ciudad de Buenos Aires. Por ende, Uruguay se convirtió en un punto de mayor interés para quienes comercializan estas drogas. 

Belén Vera, doctora en psicología y activista en el programa argentino de reducción de daños Consumo Cuidado, comentó en el evento de Torre Ejecutiva que en la vecina orilla replican las alertas emitidas en nuestro país porque “muchas de las sustancias que son incautadas y analizadas en Uruguay también tienen como destino Argentina”. Para Vera, la importancia de la reducción de daños radica en que existe un amplio sector de consumidores de sustancias en quienes la prevención ya falló porque no desarrollaron un trastorno relacionado con su consumo, por lo que tampoco están interesados en dejar de consumir”, y generalmente las políticas de drogas no contemplan esas situaciones. 

Al otro lado del charco, “todos los fines de semana mueren pibes” a causa de “pastis” adulteradas. Así lo relata a Sala de Redacción Inés González Castro, trabajadora social y fundadora de la organización marplatense Chill and Safe. Su labor se basa en el voluntariado de distintos profesionales, como médicos, abogados y químicos, que acuden a las fiestas y colaboran con los servicios de salud atendiendo los casos leves, como deshidrataciones, bajas de presión o ataques de pánico: “Nos da miedo dejarlos solos, porque a veces desde el evento los echan para no tener problemas. Nosotros no lo permitimos, por eso algunas productoras no nos llaman más”, apuntó González. La fundadora de la organización comprende que en Argentina se masificó el consumo de “pastis”, y que hoy “se consume desde el total desconocimiento”. Desde la página de Instagram de Chill and Safe publican alertas cuando detectan que una pastilla enviada por un usuario fue adulterada y es peligrosa para la salud. González dijo que “las drogas de diseño llegaron a las villas”, donde las muertes pasan desapercibidas. Si bien en un principio eran propias de las fiestas de electrónica, hoy “circulan por todos lados y atraviesan todas las clases sociales”. La trabajadora social percibe un aumento exponencial de la producción de éxtasis abaratada, lo que ocasiona estragos. “El MDMA puro ya no existe en Argentina, es imposible traerlo de afuera con lo que sale el dólar, nadie lo podría pagar. Entonces obviamente adulteran para más rentabilidad y ganancia”, advirtió la activista. 

Además de lidiar con falta de recursos, el testeo de éxtasis y el trabajo en la reducción de daños de forma paralela al Estado la llevaron a enfrentar amenazas de parte de narcotraficantes. En Argentina también existe un foro para consumidores de éxtasis llamado Argenpills, que cuenta con una sección para uruguayos. Según González, alguien robó el nombre del foro para hacer un usuario de Instagram y, haciéndose pasar por una página de reducción de daños, “publicita” las pastillas que, según intuye, vende la misma persona u organización que está detrás de la cuenta. “Vos fijate que una alerta psicoactiva nunca dice ‘carga alta’. Eso es mentira, no hay pastillas de carga alta en Argentina. Pero si vos le decís eso a un pibe va a ir corriendo a comprar esa, porque quiere que le pegue, que le vuele la cabeza. Lamentablemente tienen un montón de seguidores que son pibitos re chiquitos que les creen. Además son amigos de los productores de eventos. Hoy por hoy el narco y el productor trabajan en red”. Si bien opina que “no hay que meter a todos los productores de eventos en la misma bolsa”, sus alertas -que llegan a 35.300 seguidores – “arruinan” el negocio, por lo que algunos empresarios han optado por no invitar a la organización a las fiestas que organizan. 

González dice ver “un gran silencio” a nivel social sobre el tema, y que ocasionalmente aparecen “soluciones que eran para ayer”, que ya no responden a las problemáticas de hoy. La activista piensa que la sociedad todavía no está preparada para la regulación de sustancias, porque domina el paradigma de la “guerra” contra las drogas: “Si el prohibicionismo tenía el objetivo de que las drogas desaparezcan del planeta, obviamente falló, porque cada vez hay más. Entonces si no van a lograr que dejen de circular, hay que tener otra estrategia, que es la reducción de daños. Hay que hacer control de calidad, prevención desde las escuelas, respetar la ley de salud mental, tener buena atención en salud pública para los casos de adicciones. Los eventos tienen que hacerse como corresponde, con agua, sin calor extremo, con médicos, con ambulancias, con personal idóneo. Todas esas cuestiones tienen que estar súper legisladas y súper reguladas. No va a ser un descontrol, todo lo contrario”, aseguró la activista.

FacebookTwitter