Nuestro consumo de energía va en aumento y la situación del petróleo, la principal fuente energética, está encendiendo las alarmas. No es una fuente renovable y las reservas van escaseando, cada vez es más difícil conseguirlo y además resulta muy caro extraerlo. No queda duda alguna de que el oro negro tarde o temprano tendrá que ser derrocado, pues la futura crisis energética que la ONU vaticina parece inevitable. 

Las incipientes fuentes de energía renovable como los paneles, los molinos eólicos o las represas hidroeléctricas resultan esperanzadoras. La mayoría de ellas se aprovechan del sol, el cual es capaz de generar la energía que necesita la humanidad durante todo un año en tan solo una hora. Prácticamente todos los procesos que ocurren en la tierra se deben a la energía que nos brinda el sol. Estos tipos de tecnologías continúan mejorando gracias la investigación científica y el apoyo de los gobiernos, pero presentan ciertos puntos débiles.

La alta dependencia energética de las sociedades modernas exige más de lo que los modelos actuales son capaces de ofrecer y el rendimiento de estos sistemas es independiente de la demanda; si se genera más electricidad de lo que se necesita, el exceso queda inutilizable porque dicha energía no se puede acumular. Mientras que, si la sociedad necesita más energía de la que se está generando, la insuficiencia puede provocar cortes de luz o desabastecimiento energético. Esta es la ventaja que poseen las dos fuentes más importantes (y contaminantes) de la actualidad, es decir, el carbón y el petróleo. No podemos obligar al sol a que salga por la noche sólo porque tenemos un pico de demanda, pero sí podemos quemar más carbón para abastecernos en los momentos de mayor consumo. Parecería que no hay escapatoria de este sistema destructivo y contaminante. 

La física cuántica podría tener el secreto para superar este dilema; aunque al día de hoy no es la opción más viable, eso no evita que pueda llegar a ser una solución a largo plazo.  Estamos hablando de la antimateria.

Cuando la realidad supera la (ciencia) ficción

Un concepto complejo explicado con simpleza por el físico español Javier Santaolalla: “la antimateria es exactamente lo mismo que la materia, pero con carga contraria. Y cuando la primera entra en contacto con la segunda, chocan y se aniquilan”. Todo comenzó a nivel subatómico, con el descubrimiento de las antipartículas, y todas y cada una de ellas tienen un equivalente en el mundo de la materia, como si fuera un espejo. 

Aunque este tema de la antimateria parezca exótico y futurista es parte de nuestro presente, y es utilizado principalmente en medicina, por ejemplo para las tomografías por emisión de positrones o la protonterapia para el tratamiento del cáncer a través de irradiación de antipartículas. Pero, ¿qué soluciones podría plantear para enfrentar una futura crisis energética? 

Según explica Santaolalla, cuando la materia colisiona con la antimateria se genera energía eficiente, tan eficiente que deja en ridículo al resto de fuentes de energía, incluso resulta ser superior a la energía nuclear y está comprobado que será el método de propulsión que nos permitirá llevar a cabo los viajes interestelares.

Pero aun siendo una fuente eficiente de energía limpia y prácticamente infinita existe un pequeño inconveniente; actualmente la antimateria no puede recolectarse de ninguna parte y la energía necesaria para producirla es muchísimo mayor a la cantidad total que somos capaces de generar, sin mencionar el intrincado y costoso proceso que implica concebir tan sólo un gramo de este material.

El CERN o la fábrica de antimateria 

La Organización Europea para la Investigación Nuclear, comúnmente conocida por sus siglas en francés -CERN-, es el centro de investigación europeo que opera el laboratorio de física de partículas más grande del mundo. Está situado en Suiza, cerca de la frontera con Francia. 

Desde 2010, los directivos del CERN anunciaron que habían conseguido producir y capturar átomos de antimateria por un lapso de más de una décima de segundo. Aunque puede parecer insignificante, este hecho es importantísimo para la ciencia, ya que abre un campo que -al menos en la práctica- era desconocido y podría proporcionar energía en cantidades inmensas. El CERN es el único lugar en el mundo en donde se generan átomos de antimateria y sus avances son lentos pero notables.

La antimateria no es la única posibilidad para un futuro lejano, pues la energía del vacío cuántico también está en la mira de los físicos. 

La energía del vacío, el tesoro inalcanzable… ¿o no?

Según explicó a Sala de Redacción el profesor del Instituto de Física de la Facultad de Ingeniería de la Udelar, Juan Diego Young, el vacío, en física cuántica “no está vacío”, sino que paradójicamente está lleno de partículas y, por lo tanto, de energía. Pero es energía que está fluctuando constantemente y su tiempo de existencia en nuestro plano es tan ínfimo que no se puede llegar a medir, ni observar a simple vista. Básicamente es energía que aparece de la nada y desaparece de forma repentina. 

La colisión de partículas consiste en impactar dos partículas cuando casi alcanzan la velocidad de la luz, de este choque comienzan a aparecer montones de partículas distintas que anteriormente estaban encerradas en el vacío. La velocidad les permitió escapar de su confinamiento y manifestarse sin aniquilarse en contacto con la materia. Hasta el momento ésta es una de las pocas formas posibles de acceder y demostrar que el vacío cuántico es en realidad una fiesta de partículas esperando para aparecer. La energía del vacío o “energía de punto cero” disponible es minúscula y aunque se han realizado múltiples experimentos para poder extraerla, los resultados han sido infructuosos en la mayoría de los casos.

El uso práctico de la energía del vacío se investiga principalmente en nanotecnología, como un posible recurso para la propulsión de máquinas muy pequeñas, pero no es un tipo de energía de la que podamos aprovecharnos para abastecer a la sociedad moderna, al menos por ahora.

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