Un periplo de 12 años fue lo que duró la dictadura cívico-militar en Uruguay. Un suceso que trajo tras de sí la desaparición física de 197 personas y centenas de familiares sin respuestas. La búsqueda fue el motor de esas familias para crear la organización Madres y Familiares de Detenidos Desaparecidos con el objetivo de conseguir la información que no salía de las bocas de sus perpetradores y que los llevase a tener esas respuestas que tanto ansiaban. En esa época se reunían en la Plaza Libertad  -conocida popularmente como Plaza Cagancha- para rendir homenaje a sus seres queridos y terminó convirtiéndose en un lugar simbólico, que luego se eligió como punto final de cada edición de la marcha del silencio.

El orígen

Si bien Uruguay pasaba por un momento de reconstrucción de los hechos, la democracia era pintura fresca y los resabios de la dictadura seguían latentes. En 1986 se reavivó la polémica cuando el Partido Colorado y el Partido Nacional presentaron la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, donde se dictaba que los crímenes de lesa humanidad cometidos por militares en el período 1973-1985 no pudiesen ser juzgados. Tres años después, una comisión presidida por Matilde Rodríguez Larreta, Elisa Delle Piane y María Ester Gatti -asesoradas por un comité ejecutivo elegido previamente- lanzó una propuesta para revocar esta ley, pero al convocar al referéndum la votación popular decidió que la misma fuese ratificada.

Gabriel Quirici, diplomado en historia económica en la Facultad de Ciencias Sociales y profesor de historia contemporánea de la Facultad de Información y Comunicación (Udelar), explicó a Sala de Redacción que esa derrota “fue un balde de agua fría para las aspiraciones de Madres y Familiares” y las protestas quedaron prácticamente bajo la alfombra. Sin embargo, “esas familias no se iban a rendir tan fácilmente. Necesitaban reclamar la verdad, la memoria y la justicia faltante”, subrayó.

Nilo Patiño, integrante de Madres y Familiares, habló con Sala de Redacción sobre la creación de la marcha: “fue una idea de la familia Michelini en el año 1996 para que no se olvidasen los crímenes aún impunes. Se propuso hacer un pequeño homenaje por los eventos ocurridos el 20 de mayo de 1976, cuando Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz, William Whitelaw y Rosario Barredo fueron asesinados, y el médico Manuel Liberoff capturado para posteriormente ser desaparecido”.

Exceptuando a este último, sus cuerpos fueron encontrados al día siguiente, pero el contexto y la repercusión fueron tan violentas que quedaron grabados en la retina del pueblo uruguayo. Ademas, los dos legisladores formaban parte de partidos políticos opuestos; Michelini era senador del Frente Amplio (FA) y Gutiérrez Ruiz era presidente de la Cámara de Representantes por el Partido Nacional. “Madres y Familiares no es una organización partidaria como algunos suelen pensar, sin ir más lejos Gutiérrez Ruiz era blanco y su familia siempre participó”, aclaró Patiño. Quirici acotó que a pesar de que todas esas personas no se separaron en partidos políticos y se manifestaron como unidad, varios sectores de los partidos tradicionales “tuvieron omisiones en apoyarlos.”

El puntapié inicial fue una iniciativa de Rafael Michelini, quien le pidió autorización al
presidente Julio María Sanguinetti para entrevistar a los generales en actividad y reclamarles
la verdad sobre el asesinato de su padre. Los generales mantuvieron el secreto, pero no
previeron que su negativa removería el inmovilismo provocado por la derrota del voto verde
en el plebiscito de 1989. La idea de expresar el repudio por la impunidad y el reclamo de
verdad y justicia instrumentó un amplio acuerdo que, al excluir la expresión partidaria y las
consignas políticas, desembocó en la original iniciativa de una marcha silenciosa, con
efectos más impactantes que cualquier estruendo. Solo los partidos colorado y blanco
rechazaron una invitación que congregó a estudiantes, trabajadores y el más amplio abanico
de militantes sociales.

Esa primera marcha se llevó a cabo de una manera muy sencilla, bajo el lema “Verdad, memoria y nunca más” y la convocatoria no llegó a las 10 mil personas. Sin embargo fue un punto de inflexión e impactó políticamente al poner de vuelta en el ojo público el tema de los derechos humanos.

Patiño agregó que la Ley de Caducidad fue perdiendo vigencia con el pasar de los años, porque dos de sus artículos importantes aclaran que los delitos no están prescritos y se podían investigar. “Por una resolución durante el gobierno de José Mujica, la pretensión punitiva del Estado dejó de actuar y quedó sin efecto”.

Las que marcaron historia

Además de la primera marcha, hubo otras que por distintas razones hicieron mella en el pueblo uruguayo. En el año 2005 el FA gana las elecciones y las personas que participaban activamente buscando respuestas sobre los desaparecidos vieron una luz de esperanza, como así lo vaticinaba el lema “Para el pasado verdad, en el presente justicia, siempre memoria y nunca más”. El electo presidente Tabaré Vázquez hizo acto de presencia, convirtiéndose en el primer mandatario en asistir a una marcha del silencio. Aseguró que en el correr de ese año se resolvería el asunto de los detenidos que aún no habían sido encontrados, por lo que la opinión popular era que tal vez esa décima edición fuese la última. Finalmente los hechos no sucedieron como el mandatario lo tenía planeado. La fundadora de Madres y Familiares, Luisa Cuesta, había afirmado que “aunque se sepa toda la verdad y se llegue a la justicia, las marchas deben seguir haciéndose para que las generaciones futuras sepan lo que pasó en este país”.

Luisa Cuesta en la marcha de 2014. Foto: Agustín Fernández.

La del año 2019, bajo el lema “¡Que nos digan dónde están! Contra la impunidad de ayer y hoy”, popularmente conocida como “la marcha de los paraguas”, trajo mucha emoción a los manifestantes. En el presente es recordada con especial cariño porque en el medio del evento empezó a llover a cántaros pero la gente siguió adelante y con su objetivo marcado. El agua no impidió que ese grupo siguiese con su recorrido, e incluso fue una especie de inspiración y adhesión para las nuevas generaciones.

El 2020 fue un año marcado por el covid-19 y la emergencia sanitaria. El gobierno había implementado distintas medidas, siendo una de ellas la prohibición de eventos públicos con grandes masificaciones. Pero eso no fue un obstáculo para continuar adelante. Con el lema “Son memoria. Son presente ¿Dónde están?” y “el acento en los cuidados y la fuerza en la expresión barrial, familiar”, las calles no se caminaron pero se creo una voz que gritó “presente” por altoparlantes

A pesar de las restricciones, Quirici contó que “la posibilidad de creatividad popular llevó a que se sumara mucha más gente y de distintas maneras”, ya fuese subiendo una margarita en redes sociales o haciendo un vivo en Instagram en el momento en que el evento transcurría. Además afirmó que esa nueva movida incorporó a otras generaciones. A su vez, sobre los preparativos Patiño detalló que “se hizo un acto simbólico dejando las fotos de los desaparecidos en la Plaza Libertad y poniendo huellas de pasos en las calles cercanas”, lo que generó un impacto muy fuerte en el imaginario uruguayo joven.

Logros conseguidos

Respecto a los pedidos de organizaciones de familiares, Quirici volvió a los orígenes y recordó que durante el segundo mandato de Sanguinetti “no fueron recibidos por la presidencia” e incluso el gobernante tuvo un debate internacional con agrupaciones familiares de Argentina que “dejó muy mal parado al Poder Ejecutivo uruguayo”. Eso cambió levemente con la asunción de Jorge Batlle. El mandatario inició la Comisión para la Paz y se abrió a recibir testimonios, además de “poner el tema en la agenda”.

Con el gobierno del FA se siguió con la misma senda, y aunque el oficialismo no derogó la Ley de Caducidad sí impulsó las excavaciones en cuarteles a través de un equipo de investigación forense. En esos años lograron ser encontrados Ubagésner Chaves Sosa, Fernando Miranda, Julio Castro, Ricardo Blanco y Eduardo Bleier. Algunos de ellos se hallaban en los batallones militares 13 y 14 y otro fue localizado en una chacra en Pando. Además se impulsó el movimiento llamado “Nunca más”, con el que se busca no olvidar esa lucha aún vigente.

Quirici opinó que “el Estado reconoció lo que había ocurrido, por lo que la voz de esos familiares y sus casos empezaron a tener un lugar muy importante en la memoria”. A partir de allí, hubo un gran cambio en la concientización sobre el tema. Distintos colectivos y organismos se sumaron a la causa, como por ejemplo las entidades deportivas, tanto en sus redes sociales como en la previa de los partidos. Hoy en día “algunos clubes de fútbol de nuestro país difunden sobre el tema, saliendo a la cancha con pancartas de los movimientos ‘Nunca más’ o ‘Dónde están’. Aunque hayan demorado en apoyar a la causa, es algo super valioso”, concluyó el profesor de historia.

Para concluir, Patiño recordó que las manifestaciones del 20 de mayo no ocurren solo en Montevideo. El modo de protesta caló hondo en el interior del país y como consecuencia casi todos los departamentos decidieron imitar a sus pares de la capital, dado que “es una marcha de repudio a la impunidad donde se reivindican las desapariciones forzadas”.

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