La Conferencia de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) resolvió en 1989 la adopción del Convenio 169 sobre Pueblos Indígenas y Tribales en países independientes. El convenio protege y desvela la libertad de estilo de vida de los pueblos indígenas en el territorio y fue ratificado por 22 países. Luego de 33 años de aprobación, Uruguay y Surinam son los dos únicos países de Latinoamérica que no lo han ratificado. Para Javier Delgado, representante uruguayo en el Fondo para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (FILAC), el convenio les permite una “libertad de expresión de la cultura” y es una forma de visibilizar el movimiento indígena en la salud, vivienda y educación. 

Delgado es parte de la comunidad charrúa Basquadé Inchalá y actualmente es el representante uruguayo indígena en la FILAC. El fondo es una organización de 30 años de historia perteneciente a la Comisión Económica para América Latina y el Caribe y sistematiza un apoyo y asesoramiento de las organizaciones indígenas internacionales. Cada dos años, los países integrantes eligen un representante indígena nacional y uno gubernamental para integrar este organismo. Uruguay tiene a Delgado como representante indígena y al director de la Unidad Étnico Racial de la Cancillería, Javier Díaz, como representante gubernamental.

Delgado contó a Sala de Redacción que a la hora de la votación del nuevo delegado uruguayo había alrededor de 17 postulantes y 20 organizaciones indígenas de todo el país. Estima que al día de hoy hay 25 organizaciones centralizadas en el Consejo de la Nación Charrúa (Conacha) y recientemente en la Confederación Indígena del Sur. En suma, aclaró que parte del trabajo que se realiza desde la FILAC es hacer un mapeo de organizaciones, que actualmente Uruguay no tiene. Según el representante, comparado con el resto de América Latina y el Caribe, Uruguay tiene la “particularidad” de tener una dispersión de los indígenas, ya que a causa de la persecución no se encuentran comunidades concentradas en territorios determinados y tenemos una “brecha” de “casi 200 años” sin referencias indígenas, consideró Delgado. 

El censo de 2011 arrojó que 2,4% de la población uruguaya declara la ascendencia indígena como la principal. Según datos revelados por investigaciones genéticas de la docente universitaria Mónica Sans, Uruguay tiene 14% de ascendencia indígena considerando la paterna y materna, aunque esta última es la que se manifiesta mayormente. En una entrevista realizada en enero de este año por el Portal de la Universidad de la República, la investigadora de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación explicó que “la característica de la ancestría en un uruguayo promedio sería: un octavo indígena, un dieciseisavo africano y el resto básicamente europeo, de próximo oriente o meditarráneo”. Para Delgado, los estudios antropológicos de Sans son un “gran trabajo” que ayuda a “entender que estamos preexistentes” y que se deberían generar políticas públicas al respecto. 

Según el Convenio 169 que se busca ratificar, el pueblo indígena puede “autodefinirse”. Delgado pone hincapié en el factor subjetivo, el “sentir” ser indígena y la autoidentificación para decir “basta” al proceso generacional de ocultamiento, que muchas veces opera como una forma de supervivencia.  

Prácticas y costumbres

Consultado sobre los rasgos indígenas culturales existentes en el país siempre aparece primero el mate, en esta zona realizado con caña por los charrúas. Igualmente, Delgado marcó otras prácticas uruguayas que tienen origen indígena, como la presentación del niño a la luna. En este caso, el recién nacido se saca por la noche y se muestra la luna para que sea protegido y reciba sabiduría y protección. “Sobre todo en departamentos como Rivera, Artigas, Durazno o Flores te encuentras con familias que hasta el día de hoy mantienen esa práctica cuando nace un niño”, contó. De la misma manera, habló de la costumbre de guardar el cordón umbilical del recién nacido y dijo que “es una práctica charrúa”. “El cordón umbilical después se le entregaba a la persona, que lo mantenía en su vida, y el día en que moría se llevaba al mismo lugar en que había nacido, por eso no existen cementerios indígenas”, relató. 

A este ejemplo se agregan otros como el uso de nativo de la marcela y otras plantas medicinales e incluso los nombres, ya que Guidaí proviene de la forma en que los charrúas llamaban a la luna. Para Delgado, una gran pérdida cultural también se da en la lengua, ya que cada palabra tiene su propia “conciencia y sentimiento”. El poco vocabulario indígena que quedó a través del paso del tiempo “significa muchísimo” para las comunidades. 

Dentro de los eventos recientes relacionados con colectivos indígenas, Delgado destacó el conversatorio “Pueblos originarios en el foco” realizado el 1 de octubre en el Museo del Indio en Tacuarembó, que fue acompañado de una muestra fotográfica que se puede visitar hasta el 7 de noviembre. También destacó la fecha del 12 de octubre, festejado en un principio como el “Día del Descubrimiento de América” y feriado nacional en Uruguay, que para Delgado y sus compañeros es un día de “invasión, de muerte, de pérdida de lenguas originarias y de cultura”.

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