Este 5 de noviembre, la banda lanza Serial, su nuevo disco, que estará disponible en plataformas digitales y CD, y más adelante en vinilo. Luego de una sequía de más de veinte años, vuelven con su sonido clásico, pero aggiornado. La banda se formó en 1994 y rompió los esquemas del rock nacional. Los integrantes fueron influenciados por artistas como Beastie Boys o Cypress Hill, trajeron un cóctel de sonidos que incluía hip hop, funk, metal, punk y rock. Lanzaron su primer disco homónimo en 1995 y se ganaron su público a base de rimas, riffs pesados y sólidos shows en vivo. En 1998 llegó Terraja, su segundo y último álbum hasta ahora, producido por Gustavo Santaolalla bajo el sello Universal y grabado en Los Ángeles.

Fernando Santullo (FS) y Carlos Casacuberta (CC) son los responsables de escribir las letras de las canciones, además de ser viejos amigos y compañeros de ruta. Sin embargo, tienen una diferencia inconciliable: uno toma el café negro y el otro con leche. A la hora de hablar de El Peyote Asesino están en su salsa, tienen muy claro qué es y qué no es El Peyote. Para ellos es una entidad, o “un tipo que pasa por ahí”. Es el conjunto que forman todos los integrantes de la banda y, al mismo tiempo, no es ninguno de ellos.

El sábado pasado tocaron en La Trastienda. ¿Cómo se sintieron ustedes y cómo sintieron la conexión con el público?

FS: Estuvo muy bien, tuvo una energía extra. Hubo algo más, no te sabría decir qué fue, pero fue creciendo una cosa con la gente que estuvo increíble.

CC: Cada uno suele ver el show a través del ángulo de cómo le fue. Entonces, a veces estuvo genial, pero vos te trancaste, te olvidaste de no sé qué pedazo o se te desenchufó algo. Todo el mundo estaba diciendo: “bo, buen show”, o “pah, qué bueno”. Todos estaban en la misma atmósfera, porque todos sintieron que fue un show muy bueno. Cuando prácticamente nadie está pensando y todo está ocurriendo.

-¿No importó el protocolo?

CC: Sí importó. En ciertos momentos la gente se paró e intentó expresar que realmente querían pogo, pero en ningún momento se produjo el caos. Desde el escenario hubiéramos podido decirles: “¡Rompan todo!”. Y hubiera sido solo una chispa para incendiar todo.

FS: Hay una cosa que es real y es que no hay un plan b en un recital del Peyote. Si la gente está parada o está sentada, vos vas a hacer el mismo show, porque nosotros siempre nos prendemos fuego de la misma manera. Entonces, no es que digas: “ah, están sentados, saco la criolla”. Y la música del Peyote está pensada para esa situación de energía absoluta. Desde el lado de la banda no te sale achicar porque no podés tocar, yo que sé, Perkins con mucha delicadeza.

-¿Por qué piensan que El Peyote sigue vigente y es seductor al público más joven?

CC: No lo sabemos. Incluso, algo que nos jugó en contra en ese sentido fue la pandemia y los aforos reducidos, que es un estímulo enorme para subir los precios. Los shows se han vuelto carísimos, no veo la manera que un chiquilín de 17 años pague una entrada para ver a El Peyote, con lo que están saliendo.

FS: Se está produciendo un filtro, casi que de clase, en el acceso a los espectáculos y es una cosa que hay que corregir, no puede seguir así. Las propuestas musicales terminan siendo solo para aquellos que pueden pagar una entrada acorde para el aforo reducido. Hay otra cosa que es real y es que los costos fijos con o sin aforo son los mismos y para cubrir esos costos hay que subir la entrada.

Con respecto a por qué sigue vigente, creo que Terraja es un disco muy bien producido y suena increíblemente bien al día de hoy. Quizás tenía cierto adelanto respecto a lo que fue más mainstream y eso nos dio un colchoncito de años.

CC: Por qué la música seduce, obviamente, no lo sabemos. Lo primero es que te seduzca a vos. Yo había pasado mucho tiempo sin oír a El Peyote y cuando lo volví a escuchar dije “¡ah!”. Por otro lado, era una música que nadie movía  comercialmente y que no estaba tocando en vivo, y aún así durante 15 años la música pasó en el mano a mano, hubo una transmisión generacional.

Después de Terraja (1998) ustedes se separan. Luego de idas y vueltas vuelven a hacer recitales esporádicamente y ahora traen este nuevo disco. ¿Qué los movió a encarar este nuevo proyecto?

CC: Se fue dando. Alguien nos convenció en 2009 de volver a tocar. En realidad era una pregunta: “¿Pueden tocar? Me gustaría que tocaran”. Comprobamos que efectivamente podíamos y que todavía estaba la energía que representa tocar juntos. Y que alguien toque nuestras canciones, esas canciones nos precisan bastante a nosotros. Vimos que podíamos tocar. En cierto momento, varios de nosotros lo pensamos. Hay una conversación entre Pepe [Canedo] y Fernando.

FS:  En 2016, yo como Santullo abrí un show de La Vela en Buenos Aires. Ya había pasado la racha de shows de 2009 y había quedado por ahí, todos estábamos haciendo otras cosas. Ahí nos pusimos a conversar con Pepe y dijimos: “Para no ser una banda de la noche de la nostalgia por qué no intentamos hacer canciones nuevas, a ver qué pasa”. Del dicho al hecho, pasó tiempo, porque tampoco fue sencillo recuperar el método de laburo anterior, que estaba un poco oxidado y olvidado.

-¿Cómo es ese método?

CC: Es bastante de laboratorio. Nos juntamos los cinco en una sala y nos pusimos a tocar, y eso no funcionó demasiado. Entonces, volvimos a lo que había sido la manera tradicional: se juntan Fernando y Juan [Campodónico] y hacen una base, o yo le llevo algo a Juan. O Fernando y yo nos juntamos con una base y trabajamos unas letras. Entonces, todo eso empieza a circular y se forman esos demos, hasta que en cierto momento queda pronto para que lo toquemos los cinco. Pero tiene mucho proceso interactivo previo, bilateral.

FS: Además, no necesariamente sabés qué va a salir al final. Cuando empezás a trabajar, eso arranca de una forma, pero cuando sale por el otro lado del tubo es otra cosa totalmente distinta. No hay un mapa, vos arrancás cada una de esas canciones y no sabés exactamente dónde te van a dejar.

Es un trabajo metódico, pero también tiene espontaneidad y creatividad.

CC: Sí, porque muchas veces estamos juntos y estamos improvisando. Por ejemplo, en el pique de guitarra de Es lo que hay estábamos los tres con Fernando y Juan con dos guitarras, había un ritmo y una base. Estábamos con esos piques guitarreros medio milongueros, empezamos como un diálogo y se formó.

FS: De hecho, el payador del final es una prueba de micrófono. Juan iba a grabar unas cosas de otro tema, larga una base, y le dice a Carlos que pruebe el micrófono. Entonces dice: “Aquí me pongo a rapear”. Todo ese pedazo surgió de la nada, de empezar a improvisar. Y en un momento dijimos: “Esto está excelente, hay que hacer una canción que justifique esto”.

CC: Yo estoy tirando esa fruta y del otro lado Juan me dice: “Seguí, seguí”. Le respondo: “¿Querés que siga rapeando? Se me acaba la cuerda”. Todo fue pasando en el momento [risas].

FS: Inclusive, en ese tema llegó Pepe y le puso un ritmo que no tiene nada que ver con lo que había en la maqueta. Es como una especie de juego de encastre, en el que alguien propone una pieza y los demás tienen que venir a completar las cosas que terminan dándole forma, y eso termina en una canción.

-En su momento, el Peyote se caracterizó por romper los esquemas. Siempre se dijo que estaban adelantados. ¿Con Serial sienten alguna especie de presión por hacer algo innovador?

FS: Creo que el tema de la innovación está presente no solo en El Peyote sino en la música que cada uno ha hecho por separado: la idea de intentar hacer una música que sea fresca, que conecte con el momento y que tenga algo medio vanguardista, y que a la vez transmita una cierta energía en particular. Ahora, planteárselo como una presión es un camino a la parálisis. Lo que dijimos en este disco fue: “Olvidate por completo de Terraja, olvidate de todo lo que se supone que deberías hacer para ser aquello que alguien, no se sabe quién, espera que seas”. Eliminamos todo eso de la ecuación y lo que nos quedó fue las ganas de hacer unas canciones, sin esa presión de estar a la altura de lo que alguna vez fuimos o preguntarnos si sería innovador.

CC: Yo bromeaba. Nunca ibas a poder zafar, algunos te iban a decir que 20 años después hacemos lo mismo y somos unos viejos. Si nos ponemos a pensar y a tratar de anticipar cómo van a recibirlo otros, es la receta para el desastre. Parece tonto, pero se trata de en qué medida nosotros nos sentimos bien y en qué medida la canción te parece una canción de El Peyote, que no hacía canciones nuevas hace 20 años. Hacer una canción y que vos digas: esto es un tema del Peyote para mí es un logro muy valioso. Y, para mí, este disco es completamente un disco del Peyote.

¿Cuál fue el mayor desafío a la hora de hacer este disco?

FS: Más allá de toda esta especulación conceptual, el desafío fue encontrar el tiempo y coordinar todas las voluntades. Nadie de la banda dejó de hacer cosas en estos 20 años. Encontrar el tiempo, el momento y también los recursos. El Peyote es una banda que hace todo en forma independiente, entonces, tenés que encontrar recursos debajo de las piedras para hacer un disco que suene bien. Decís “no me importa cómo sonó Terraja”, pero sabés que no podés hacer un disco que suene peor que Terraja.

CC: Estoy en condiciones de revelar el secreto. Lo financiamos tocando, es la única manera que tiene El Peyote de generar un ingreso. Aunque también en ciertos momentos se incorporó el apoyo de Bizarro. 

-El productor de Serial fue Juan Campodónico. ¿Ya estaba definido de antemano que él iba a ocupar ese rol?

FS: Lo habíamos pensado de antemano. Sería medio torpe tener a un productor como Juan dentro de la banda y no trabajar con él. Es verdad que tuvo cierta resistencia, porque el doble rol de ser artista y productor es complicado. El productor por lo general puede mirar desde una perspectiva más lejana, no tiene ese involucramiento emocional con las canciones. Igual, estando en el estudio, hubo un antes y un después. Para mí es admirable lograr cortar con un rol y mentalmente pasar a ocupar otro lugar en el que necesariamente tenés que mirar la música desde otro sitio

¿Qué creen que le aportó Juan al sonido de El Peyote?

FS: Una cosa que me gusta mucho de la producción de Juan, en general, es que no se pierden los elementos de altísima calidad, de fineza y el cuidado increíble por el sonido. La música nunca pierde su carácter orgánico. Esa combinación, el resultado que obtiene Juan es una cosa muy moderna, muy actual. Hay un cuidado sonoro mucho más sofisticado de lo que parece. Como productor ocupa todo el lienzo sonoro y lo hace de una manera muy buena.

CC: Juan es uno de los creadores de la propuesta musical de El Peyote en 1994. Y en estos 20 años hizo un trayecto espectacular, en el sentido de haber estado en la cantidad de lugares que resultaron claves, lugares de cambio en la música popular de Uruguay y de América Latina, es extraordinario. Arranca con El Peyote, pero pasa por toda esa experiencia de producción.  Cuando encara este disco, se juntan esos dos caminos y hace un disco que es de El Peyote, pero suena totalmente 2021. Es un disco que no podría haber sido hecho en otro momento que no sea 2021.

Los dos tienen proyectos aparte de El Peyote Asesino, me atrevería a decir que son bastante más tranquilos, o al menos distintos. ¿Sienten que El Peyote es un lugar de descarga, donde pueden liberar cosas que quizá en otro contexto no podrían?

CC: Nos damos manija unos a otros: “A ver qué vas a decir, a ver qué vas a meter” [hace un gesto de boxeo]. Es como que estamos en una placita, con los juegos, las hamacas, el tobogán.

FS: Es un espacio creativo. Una cosa interesante es que hablamos de El Peyote como si no fuéramos nosotros, como si fuera un tipo que pasa caminando por ahí. Es como un personaje, una mezcla de cosas, que cada uno fue poniendo determinadas  intenciones. El Peyote es sacar. Hablás de determinada forma y sobre determinadas cosas que son más expansivas y más hacia afuera. La cantidad de laburo que metimos en las letras con Carlos fue demencial. Y es muy divertido. Estuvimos semanas y semanas de café y de escribir.

CC: Y los bizcochos, la cantidad de bizcochos que consumimos…

FS: Una cosa muy agradable de este disco fue descubrir que hacer música de El Peyote resulta divertido. Es un espacio muy libre.

CC: Está claro que El Peyote no es ninguno de nosotros. Es alguien. Como que a veces estamos pensando una letra o una situación y nos encontramos con que alguien dice: “pero esto no es para El Peyote Asesino”. Un tema tipo más de autoayuda o más benevolente. Cuando ve a alguien que está sufriendo, El Peyote no le da la mano, sino más bien se burla.

FS: O le dice: “Estás ahí por culpa tuya”.

-Hablando de las letras, ¿qué es La tumba de los crá?

FS: Es de libre interpretación. Esa es otra cosa que pasa con El Peyote. No te da una definición precisa, sino que te va a tirar un montón de estímulos respecto a lo que quizás podría ser La tumba de los crá.

CC: Hay determinadas canchas que son La tumba de los crá. Vienen los grandes jugadores y tienen que jugar, no sé, en el Parque Paladino. Entonces ya no son tan crá, esa es la clásica expresión futbolera. De cómo puede haber un lugar particularmente opresivo y difícil, en el que resulta que, bueno, no sos tan crá.

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