No parece haber mucho en común entre las celdas solares hechas con tintes de flor de ceibo y las enfermedades genéticas humanas estudiadas en peces cebra. Sin embargo, ambas cosas son objeto de estudio de dos científicas uruguayas que captaron la atención de la prensa especializada por sus logros. Estamos hablando de la doctora en química Fernanda Cerdá (Laboratorio de Biomateriales del Instituto de Química Biológica de la Facultad de Ciencias, Udelar) y de la doctora en ciencias biológicas Magdalena Cárdenas (Laboratorio de Genética Molecular Humana del Institut Pasteur de Montevideo).

Cárdenas y Cerdá buscan mejorar nuestra calidad de vida y el mundo en el que vivimos. Sus objetivos, ya sean aprovechar mejor nuestros recursos naturales o descifrar los secretos de enfermedades graves, son muy distintos. También son la puesta en práctica del aparato académico-científico uruguayo, que una y otra vez produce resultados impresionantes pero con magros recursos y poca atención del público.

Las flores del sol

Cerdá fue hace pocos meses objeto de un perfil en la prestigiosa revista Nature. En la sección “Where I Work”, la autora Linda Nordling describe el trabajo de la uruguaya en primera persona: “construyo celdas solares utilizando tintes naturales [antocianinas] extraídos de frutos y flores. (…) La tecnología para convertir tintes vegetales en electricidad fue desarrollada en Suiza, pero yo la aplico a plantas indígenes a mí país, Uruguay, incluyendo su flor nacional, el ceibo.”

Estos dispositivos se conocen como “celdas de Grätzel”, por uno de los científicos que desarrolló las técnicas para construirlos, el suizo Michael Grätzel. Aunque algunos dicen que los pigmentos naturales no son lo suficientemente estables como para celdas solares, el prototipo construido por Cerdá en 2019 ha probado su eficiencia en la Base Artigas en la Antártida. Ni siquiera ha dejado de funcionar durante el oscuro invierno polar.

Según declaró Cerdá a Sala de Redacción, el perfil de Nature le provocó “sentimientos encontrados”. En primera instancia, sintió una alegría enorme, contenta por recibir mensajes de sus conocidos y tanto cariño. Por otro lado, vergüenza, porque no consideraba que su trabajo fuera tan importante, pero contrastado con un sentimiento de reivindicación.

Luego de unos meses y tras un segundo artículo de Nature acerca del impacto que tuvo el anterior, ahora lo vive distinto. Considera que se le dio una voz que no todas tienen y le hizo pensar que “todo poder lleva consigo una gran responsabilidad”. Cada nota que le pedían de la prensa local era algo que no podía dejar pasar, ante la posibilidad de que le abra la puerta a otras científicas.

En las notas, Cerdá habló sobre cómo su campo -el de la ingeniería fotoeléctrica- está poblado principalmente por hombres, y a raíz de eso se ha sentido “atascada” en su carrera. Sin embargo, puede decir que sus tres hijas están creciendo en otro mundo, que van a llegar más lejos aún.

Por supuesto, como no puede ser de otra forma en una nota sobre ciencia en Uruguay, habla de los desafíos económicos que tienen los investigadores en este país: “los fondos son escasos y sin ellos, no puedo pagar salarios. Por eso todavía trabajo en el laboratorio a los 54 años”. Sin embargo, dice que “no se queja” porque ama estar en el laboratorio.

Peces mutantes

Cárdenas es la otra científica recientemente destacada por medios especializados internacionales. Hizo su carrera en la Facultad de Ciencias de Udelar, para luego llevar a cabo estudios de postdoctorado en el Massachusetts General Hospital (EEUU).

Magdalena fue la autora principal de un artículo científico publicado hace poco en el Journal of Cell Science de The Company of Biologists. Esta organización se describe como “sin fines de lucro, manejada por biólogos, por el bien de la comunidad biológica”. Luego fue entrevistada en la sección “First Person” de la revista. Allí habló sobre el estudio publicado, sobre como encontró su vocación por la ciencia y de su experiencia trabajando con mentores en los diferentes laboratorios donde ha ejercido su profesión. Además, expresó su deseo de ayudar a su vez a otras personas que elijan la ciencia como camino.

Su trabajo se centra en un conjunto de enfermedades de origen genético conocidas como “ciliopatías”, las cuales tienen en común la afectación de un componente de las células denominado “cilio primario” (que no debe confundirse con el cilio móvil que poseen ciertos tipos de células, como los espermatozoides). Entre las ciliopatías se encuentran primariamente afecciones en los ojos, riñones e hígado. Magdalena y su equipo trabajan sobre problemas renales, ya que un 10% de la población mundial sufre de algún problema de este tipo. Solucionar a nivel genético estas enfermedades salvaría o mejoraría la calidad vida de mucha gente.

El estudio publicado trata sobre las mutaciones de una proteína celular denominada CEP290, asociada al menos a cinco síndromes diferentes. Se conocen más de 130 mutaciones de CEP290, pero “ha sido un desafío establecer correlaciones entre estas mutaciones y los defectos celulares”, agregó. Para descifrar estas conexiones, manipulan la proteína en la información genética de peces cebra.

Esta no es la primera publicación de Cárdenas, ni siquiera es su primer artículo como autora principal, así que Sala de Redacción le preguntó por qué creía que habían elegido destacarla en la revista por este trabajo en particular. Según ella, un motivo para resaltar el trabajo puede ser el hecho de que en los últimos años han surgido muchos datos relevantes sobre el tema que estudia su equipo. En cuanto a destacarla a ella, no lo sabe pero aventura que puede ser por su género y porque luego de estudiar en EEUU volvió a su país a aplicar lo aprendido.

Sobre el trabajo de su equipo en particular y de su aplicación directa en Uruguay, nos cuenta que están colaborando con el Centro de Nefrología del Hospital de Clínicas. Llevan a cabo un proyecto con pacientes que sufren de poliquistosis renal, un trastorno hereditario que es la causa más común de insuficiencia en riñones y es originado por un mal funcionamiento de las cilias. “La verdad es que está siendo una experiencia muy enriquecedora”, expresó.

Cuenta que utilizan los peces cebra porque presentan muchas ventajas para los experimentos. “Reproduce muy bien muchas enfermedades humanas. En general es bastante fácil trabajar y, comparado con el ratón como modelo experimental, es mucho más barato de mantener y reproducir”. Cuando trabajó en Estados Unidos, la disponibilidad de recursos era mayor, pero resalta que no ve gran diferencia entre ese país y el nuestro en cuanto al “modo de concebir y plantear las preguntas” en las investigaciones.

En ambos países encontró un apoyo importante en los directores de los laboratorios donde ha trabajado. En Uruguay, con su tutor de doctorado y actual jefe en el Institut Pasteur, José Badano, y en Boston con el doctor Iain Drummond. Con Badano trabaja desde 2007 (excepto por su estadía en EEUU); es “muy generoso y alienta a que los más jóvenes desarrollemos nuestras líneas de investigación y vayamos construyendo nuestra independencia”, dijo. Y con Drummond, aún mantiene un vínculo académico y destaca su generosidad: “me permite que yo continúe y desarrolle en Uruguay proyectos de investigación que trabajé en su laboratorio, tengo todo su apoyo para seguir esas líneas de investigación”.

Ópticas diferentes

La cobertura en medios locales a raíz de los destaques de ambas científicas en publicaciones internacionales varió muchísimo. De hecho, si bien en el pasado Cárdenas ha sido entrevistada por medios como El País o SobreCiencia, su entrevista en una publicación internacional pasó desapercibida para nuestra prensa.

Cerdá, en cambio, se sorprendió de ser tan solicitada por los medios: “llegó un punto en que decía lo mismo en todos lados y pensaba ‘¿Cómo no se aburren?’. En su contacto con la prensa, eligió orientar la charla hacia su trabajo y no sobre el hecho de haber sido destacada personalmente por Nature: “me dejaron ir siempre hacia lo que hago, contarles qué son estas celdas y cómo funcionan. Me sentí más como divulgadora científica”.

No le molestó que la prensa se fijara en ella a raíz del perfil de Nature. “Si una nota así pone en el tapete tu trabajo, bienvenida sea. Porque visto por el lado contrario si laburaste durante 30 años, hiciste todo con tu mayor esfuerzo y dedicación y nadie -absolutamente nadie- notó lo que hacías, menos mal que a una revista del norte se le ocurrió mirarme, porque la verdad es que cansa: cansa mucho no existir”, resumió la investigadora.

En ese sentido, entiende que otras científicas con menos años de carrera que ella están haciendo trabajos importantes, pero son ignoradas por los medios locales: “tanta gente laburando años y años fuera de foco, sobre todo mujeres”, enfatizó. También cuenta que las científicas mujeres son pasadas por alto cuando es hora de considerar ascensos: “es loco que tenga que venir alguien o algo del norte a decir ‘miren lo que se están perdiendo’. Y muchas han abandonado, ya se cerró la puerta para ellas y quedaron afuera. Y son gente de primera”. Agrega que otras no han dejado la carrera, pero se nota que han “perdido las ganas de pelear”, algo que también pasa con hombres pero es “mucho más notorio en mujeres”.

Segundas opiniones
Sala de Redacción consultó a otras científicas de las carreras en las que trabajan Cerdá y Cárdenas, pero que además son comunicadoras. Lucía Brignoni, licenciada en bioquímica, estudiante de doctorado en el Pedeciba y docente de genética en la Facultad de Medicina de Udelar, se expresó sobre la falta de cobertura sobre Cárdenas. Opinó que si el trabajo no tuvo mucha relevancia a nivel prensa local quizá fue por desconocimiento. “Muchas veces lo que es ciencia básica no suele considerarse tanto como la aplicada , y también porque el artículo tiene una cierta complejidad técnica, ya desde el título y el abstract [el resumen inicial]”. Por otro lado, agregó que más allá de lo complejo que pueda parecer cualquier tema, cuando los periodistas locales ven que investigadores de nuestro país están publicando en revistas internacionales del más alto nivel, es fácil contactarlos: “hablar con ellos siempre te va a bajar a tierra los conceptos”.

Soledad Machado, licenciada en química y magíster en comunicación científica, examinó la cobertura de prensa que se le dio a Cerdá. Machado coincide en que “tuvo que venir Nature” para que le prestaran atención al trabajo, pero que “eso es de lo más normal en Uruguay. La excepción es la gente de SobreCiencia que la entrevistó en febrero de 2020”. Agrega que es positivo que la prensa no la tratara como “mujer científica”, sino como “persona científica”. Machado se refiere a cuando una nota sobre una mujer en ciencia resalta cosas que nunca dirían sobre un hombre científico, como ser con quién está casado o si tiene hijos.

Según datos de los organismos competentes, en nuestro país hay más de 20.000 pacientes con algún tipo de afección en los riñones y unos 3.000 pacientes bajo algún tipo de tratamiento de reemplazo renal (diálisis o trasplante). Magdalena Cárdenas cuenta que hay unos 3.000 pacientes que sufren de la ciliopatía conocida como poliquistosis renal. Aún con esta información, “falta diagnóstico e integración de datos para poder tener claros los números”. Espera que el trabajo que está haciendo con el Centro de Nefrología del Hospital de Clínica sirva para aumentar el trabajo interdisciplinario, que es lo que “enriquece e impulsa el conocimiento en el área de la biomedicina”.

Desde los artículos en Nature, a Cerdá le pasaron cosas que nunca había imaginado. Por supuesto fue saludada por colegas, amigos y familiares pero nunca esperaba que se comunicara con ella el propio Michael Grätzel. El científico de la École Polytechnique Fédérale de Lausanne (Suiza), co-inventor de las celdas con las que trabaja Fernanda, se puso en contacto para felicitarla y ofrecerle apoyo económico.

A la revista internacional, Fernanda le dijo que “menos del uno por ciento” de la energía de Uruguay es producida por aparatos fotovoltaicos. “Espero que mi trabajo nos prepare para el futuro”, resumió.

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