En mayo se cumplieron 45 años de los emblemáticos asesinatos de Zelmar Michelini, ex senador del Frente Amplio, Héctor Gutiérrez Ruiz, ex presidente de la Cámara de Representantes por el Partido Nacional, y la pareja de ex militantes del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T), Rosario Barredo y William Whitelaw. Los cuatro uruguayos, que residían en Buenos Aires en calidad de exiliados, fueron hallados sin vida el 21 de mayo de 1976 dentro de un automóvil Renault Torino abandonado en la intersección de Perito Moreno y Delle Piane, en la capital porteña. Dentro del vehículo se encontraron panfletos del Ejército Revolucionario del Pueblo, algo que se descubriría años después como parte de un montaje que intentó atribuir falsamente la autoría de los homicidios a este movimiento guerrillero argentino. 

En 2011 fueron condenados como autores intelectuales de los cuatro asesinatos el ex dictador Juan María Bordaberry y el ex canciller de la dictadura Juan Carlos Blanco. Pese a ello, al día de hoy no se procesó a los autores materiales de aquellos hechos. Actualmente, el fiscal especializado en Crímenes de Lesa Humanidad, Ricardo Perciballe, se encuentra a cargo de investigaciones sobre los posibles responsables. 

Rosario Barredo, William Whitelaw, Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz
Rosario Barredo, William Whitelaw, Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz. Foto: edición del 15 de mato de 2020 del semanario Brecha.

Los secuestros

Rosario Barredo y William Whitelaw fueron secuestrados de su hogar, ubicado en la calle Matorras de la ciudad de Buenos Aires, el 13 de mayo de 1976. El operativo fue llevado a cabo por un grupo de personas fuertemente armadas. Junto a la pareja fueron secuestrados sus tres hijos: Gabriela María Lucía Schroeder Barredo, de cuatro años, María Victoria Micaela Whitelaw Barredo, de 16 meses, y Máximo Fernando Agustín Whitelaw Barredo, de dos meses de edad. Posteriormente a los secuestros, la familia fue trasladada a un centro clandestino de detención (CCD), donde permanecieron recluidos hasta pocos días después de los asesinatos de los dos adultos.

En la madrugada del 18 de mayo de 1976 varios hombres irrumpieron violentamente en el apartamento de la capital porteña donde se domiciliaba Héctor Gutiérrez Ruiz. El ex diputado nacionalista se encontraba durmiendo junto a su esposa e hijos cuando escucharon los golpes que anunciaban el horror. Los hombres ingresaron forzosamente al domicilio, se identificaron como integrantes de la Policía Federal de Buenos Aires y prosiguieron a saquear casi por completo la casa, por lo que la familia fue despojada de documentos, papeles y objetos de valor. Finalmente, los hombres se retiraron del lugar y se llevaron secuestrado a Gutiérrez Ruiz. Fue la última vez que su esposa e hijos lo vieron con vida.

Posteriormente, esa misma madrugada, un operativo de muy similares características fue desplegado en una habitación del Hotel Liberty, en pleno centro porteño, lugar en el que vivía Zelmar Michelini. Seguidamente, el ex senador frenteamplista fue detenido delante de dos de sus hijos, quienes se encontraban junto a él aquella noche, y posteriormente fue secuestrado. 

Bacacay 3524

Si bien siempre hubo indicios de su posible existencia, recién en 2020 se confirmó la existencia de un CCD situado en Bacacay 3524, en el barrio La Floresta de la ciudad de Buenos Aires. El inmueble fue ubicado exactamente en la misma manzana en la que se encuentra Automotores Orletti, reconocido local que operó en el marco del Plan Cóndor como centro de reclusión y torturas, por el que pasaron decenas de uruguayos detenidos, muchos de ellos hoy desaparecidos. Si bien la investigación del CCD hallado no ha concluido, se presume que el lugar operó entre los meses de abril y mayo de 1976.

Posteriormente a la identificación del inmueble, el juez federal de Buenos Aires Daniel Rafecas, encargado de esa investigación, dispuso una orden de no innovar sobre el local, por la que no puede sufrir ninguna alteración por parte de sus actuales propietarios mientras se investigue. 

Gabriela Schroeder, hija mayor de Rosario Barredo, aún conserva muchos recuerdos de aquellos días de horror de mayo, a pesar de que por aquel entonces tenía tan sólo cuatro años de edad. La solidez de su memoria probablemente no sea una casualidad: la familia y las circunstancias en las que la pequeña niña había sido criada hasta ese entonces la llevaron a ser tan curiosa como contestataria. “Me enseñaron a no aceptar nunca un ‘sí’ porque sí y un ‘no’ porque no”, dijo Schroeder a Sala de Redacción. 

“En mi caso, siempre habían dicho que mi familia y yo estuvimos en Orletti”, contó la entrevistada, “pero había un par de cosas que para mí eran claves y no encontraba en los testimonios de la gente que estuvo presa allí, ni en los planos del lugar que en conjunto habían podido elaborar”. Parte de aquellos recuerdos que no encajaban consistían en un patio de luz y un baño, en el que Schroeder dice haberse despedido de Willy, su padrastro. “Para mi era un lugar muy clave y eso no está en Orletti”, manifestó, y añadió que esos elementos sí se encuentran en el local de Bacacay y que, de hecho, coinciden con el relato de varios testigos del CCD recientemente hallado. Pese a ello, Schroeder contó que decidió no leer esos testimonios, a modo de no entreverar sus propios recuerdos. “Pero sí, por lo que me dijeron en el juzgado de Rafecas, mi testimonio coincide con la descripción de otros detenidos”, explicó. La entrevistada fue llamada a testificar en la causa que lleva adelante el juez Rafecas en 2020.

Según Schroeder, otro aspecto interesante de la investigación radica en que, como existen antecedentes que sostienen que Manuel Liberoff -militante comunista secuestrado el 19 de mayo de 1976 en Buenos Aires, hoy desaparecido- probablemente también haya estado recluido en Bacacay, Rafecas convocó a sus familiares. Ello motivó que su familia también presente una denuncia por la desaparición de Liberoff en Uruguay.

Denuncias en Uruguay

Schroeder explicó que, en parte, el hallazgo de Bacacay motivó a que junto a las familias Michelini y Gutiérrez Ruiz comenzaran a manejar la posibilidad de abrir nuevamente una causa en Uruguay, ya no en busca de los responsables intelectuales sino de los autores materiales de los homicidios de sus familiares.

“Finalmente, en octubre de 2020 decidí presentar una denuncia por mi secuestro y el de mis dos hermanos ante la Fiscalía de Lesa Humanidad, a través del Observatorio Luz Ibarburu”, señaló Schroeder. Según agregó, ello derivó en que los hijos de Michelini y Guitérrez Ruiz se sumaran a las investigaciones y el mes pasado presentaron una denuncia por los homicidios de los dos legisladores. “Es así que la línea de investigación del fiscal Perciballe abarca tanto el asesinato de Zelmar Michelini, Héctor Gutierrez Ruiz, mi madre y mi padrastro, como la desaparición de Manuel Liberoff y los secuestros de mis hermanos y yo”, aclaró la entrevistada.

Consultada acerca de las principales razones que llevaron a la familia a presentar estas denuncias, Schroeder señaló que si bien pueden ser tan personales y numerosas como la cantidad de personas denunciantes, en líneas generales son para todos las mismas: contribuir a la memoria y a que “se escriba la historia correcta”, así como poder hallar elementos claves del accionar de aquel aparato represivo, que puedan servir a investigar otras causas. “Realmente existió una uniformidad en el actuar que nos lleva a creer que una investigación termina siempre colaborando con otra”, sostuvo la denunciante. 

En contacto con Sala de Redacción, Perciballe, adelantó que la causa que investiga a los autores materiales de los homicidios y los secuestros se encuentra en su etapa final y estimó que en julio podrán ser presentadas las formalizaciones correspondientes. “Todo depende de algunas contestaciones de oficios que no nos han sido remitidas y de la situación de salud de algunos de los imputados, es decir, de si se encuentran en condiciones de declarar o no”, informó. Perciballe agregó que los documentos recientemente hallados en el Grupo de Artillería Nº 5 aportaron para la investigación “algunos datos muy tangenciales, que fueron tomados en cuenta, pero nada sustancial”.

“Lo hice a propósito”: los niños víctimas del terrorismo de Estado

En su entrevista con Sala de Redacción, Schroeder manifestó que más allá de saber de antemano que su denuncia de octubre de 2020 derivaría en investigaciones por los asesinatos de los cuatro adultos, ella denunció su secuestro y el de sus dos hermanos menores. Lo hice a propósito”, confesó la entrevistada, “porque los niños fuimos víctimas absolutamente inocentes y es un tema que siempre se ha invisibilizado”. 

“Nuestras vidas corrieron serio peligro, fuimos el mejor instrumento de tortura hacia nuestros padres”, manifestó, “y así nos torturaron también a nosotros”. Por aquel entonces niña, Schroeder recordó que en más de una ocasión intentaron apropiarla en casas de familia a las que sus secuestradores la llevaban. “De cada uno de esos lugares me llevaban de regreso corriendo, porque se daban cuenta de que era imposible que yo borrara mi memoria”, testimonió, dejando entrever su carácter de resistencia con apenas cuatro años. “Yo estuve todo mi secuestro rebatiendo todas las respuestas que me daban y cuestionando todo”, recordó. 

Schroeder nació en cautivero, precisamente en el Hospital Militar, puesto que su madre era una presa política. Su padre, Gabriel Schroeder, joven militante tupamaro, fue asesinado por las Fuerzas Conjuntas junto a otros tres compañeros de militancia en los sucesos del 14 de abril de 1972, en un ataque de los militares como respuesta ante acciones del MLN-T contra varios policías y militares ese mismo día, que terminó con la muerte de cinco personas.

Para Schroeder, el hecho de haber sido víctima directa del terrorismo de Estado no signfica, al menos para el caso de ella y sus hermanos, que al día de hoy se sientan victimizados. “Todo lo contrario”, aclaró, “por suerte nos enseñaron a vivir basados en el amor y alejados del rencor, por eso pudimos vivir bien y no sentirnos con ese peso”. Por su parte, destacó la importancia de haber tenido un abuelo paterno como Juan Pablo Schroeder Otero, quien encabezó su búsqueda en Argentina, desplegando redes de todo tipo para lograr que sus nietos regresaran con su familia. “Mi abuelo fue un gigante, mi súper héroe personal”, expresó emocionada. Sin embargo, reconoció también que no todos los niños víctimas del terrorismo de Estado corrieron esa misma suerte. “Hay quienes tuvieron que vivir lo espantoso de ser apropiados por sus propios secuestradores, entre otros muchos horrores”, mencionó. “Realmente no me puedo imaginar vivir eso”, concluyó.


Memoria colectiva
En 2008 se conformó el colectivo Memoria en Libertad, que nuclea a niños, niñas y adolescentes que fueron víctimas directas de las acciones del terrorismo de Estado. Sus principales objetivos son generar aportes a la memoria colectiva y defender los Derechos Humanos de los niños, niñas y adolescentes. Schroeder forma parte de este grupo, a pesar de no ser una integrante activa. “Unirme me sirvió para conocer también otras situaciones, como la historia de hijos de presos políticos, que es tremenda y es necesario conocer”, señaló. En la misma línea, reiteró la importancia de “mostrar el horror del accionar del terrorismo de Estado” y alegó que “no sólo fue contra los adultos, sino también contra los niños, y eso es lo peor que puede existir”. “Cuando hablan de esta teoría de los dos demonios y el enfrentamiento entre dos bandos… no fue tal, no fue así. Y la violencia que ejercieron contra nosotros los niños es una demostración de eso”, culminó. Desde 2018 el colectivo es reconocido por la Institución Nacional de Derechos Humanos.

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