“Los maestros están buscando distintos mecanismos para que los niños no se desvinculen de la escuela”, declaró a Sala de Redacción Elbia Pereira, secretaria general de la Federación Uruguaya de Maestros, Trabajadores de Educación Primaria (FUM-TEP), a más de dos semanas de que el gobierno resolviera el cierre total de los centros educativos. La medida se tomó el 23 de marzo y se extiende, al menos, hasta el 3 de mayo; la reapertura dependerá de la evolución de la epidemia de covid-19. Mientras tanto, las clases son virtuales y obligatorias.  

La maestra relató que hay grupos de niños que tienen acceso a internet pero que “hay otros casos en los que las dificultades son muchísimas”, que “hay porcentajes muy bajos de conexión”, al punto que “en grupos de 25 alumnos, solo ocho están conectados”. Para los docentes la situación tampoco es sencilla, y Pereira aclaró que tienen conexión a internet para dar las clases “porque la pagan con su dinero”. 

La Coordinadora de Sindicatos de la Enseñanza del Uruguay (CSEU) emitió un comunicado el 2 de abril en el que expresó “la falta de condiciones” para el comienzo de clases en 2021 en todos los ámbitos y consideró que faltaron respuestas en tiempo y forma para amortiguar los efectos de la situación sanitaria en la educación. La CSEU considera que el carácter obligatorio de la participación en las clases virtuales, sin asegurar la conectividad, “atenta al derecho a la educación y al principio de gratuidad”, y “afecta en mayor medida a los sectores socioeconómicos más vulnerables”.

“La educación está en emergencia nacional”, dijo a Sala de Redacción Natalia Cámara, integrante del Colectivo de Familias Organizadas de la Escuela Pública. Cámara explicó que el colectivo está pensando en cómo generar cambios para revertir la situación, y mantiene la postura de que los centros educativos son lo último que se cierra y lo primero que se debe abrir, tal como recomendó el Grupo Asesor Científico Honorario (GACH). Toma esa recomendación bajo el lema “cada día cuenta”. El colectivo alega, además, que luego de que cerraron las escuelas hubo un aumento exponencial de casos que nada tuvo que ver con la educación. “Los contagios no están disminuyendo porque siguen activas otra cantidad de cosas”, declaró Cámara.

La escuela pública cumple un rol social y de protección, advirtió la vocera del colectivo de familias. “Los comedores cerrados son un problema y una afectación del desarrollo neuronal y nutricional de los chiquilines, más en la crisis económica que está el país”, afirmó, y aclaró que los colectivos van de la mano con el GACH, que han planteado el impacto negativo de mantener los centros cerrados. “Son más adversos los efectos por no ir a la escuela que los efectos asociados al covid”, aseguró. 

Foto: Facebook de Familias Organizadas de la Escuela Pública
Afiche diseñado por el colectivo Familias Organizadas de la Escuela Pública

Laica, obligatoria ¿y gratuita?

Cámara expresó que para tener internet hay que pagar, por lo que “la virtualidad es un privilegio” y señaló que no se ha contemplado que hay “340.000 niños en todas el país con distintas situaciones socioeconómicas”. Agregó que la situación no se resuelve solo con tener conexión a internet o a una ceibalita, sino que también se necesita la referencia y compañía de un adulto, y resaltó que hay niños que “están en ambientes conflictivos”, que no son “climas adecuados para estudiar”. 

La vocera del colectivo aseguró que hay muchas variables a tener en cuenta para el acceso a la virtualidad porque la brecha digital no es solamente de acceso sino también de uso. “No todas las familias manejan con soltura la tecnología y los dispositivos”, comentó.

Silvana Salinas, maestra de la escuela N°51 Dardo Salguero de San José de Mayo, dijo a Sala de Redacción que en su escuela no hay mucha dificultad, pese a ser una escuela de contexto crítico. Por el momento son pocos los alumnos desvinculados a la clase “aunque no todos cuentan con dispositivos, usan otros medios, como la plataforma CREA”. Agregó que en el caso de niños que no pueden acceder a la virtualidad “el equipo docente recibe a los padres con la tarea de su hijo y les entrega la tarea del día”. A su vez, destacó la función del maestro comunitario que “destina algunos días de la semana para recibir a algunos de esos papás que no sepan subir las tareas a CREA y les explica cómo se hace”.

Salinas destacó el rol y el compromiso de las familias y afirmó que la virtualidad acerca a los padres a la educación de sus hijos, porque “detrás de ese nene está sentada la familia”. Comentó también que para los maestros esto es satisfactorio porque sienten que “el trabajo desde la escuela está siendo acompañado por la familia”.

No todo está perdido

El regreso a las clases virtuales se vio acompañado de movidas solidarias en diferentes barrios del país. La semana pasada se difundieron en redes sociales propuestas de personas que decidieron compartir algún espacio de su casa o su patio para aquellos estudiantes de las distintas localidades que necesiten conexión a internet. 

También se sumaron a la iniciativa lugares más amplios como clubes de fútbol y locales de comida, y se aclaró en cada comunicado que esto se haría con las medidas sanitarias necesarias: distanciamiento, tapabocas y alcohol en gel. “Es un gesto hermoso, pero evidentemente esas soluciones no las tiene que dar el pueblo”, reflexionó Cámara.

Carolyne Fleitas y Guadalupe Geninazzi

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